La crisis de seguridad en México ya no es una nota “de color” ni un ruido de fondo: pone en peligro los partidos de la repesca rumbo al Mundial 2026 que deben jugarse en Guadalajara y Monterrey dentro de un mes. Seis selecciones —entre ellas Bolivia e Irak— dependen de esos duelos para su última oportunidad de clasificación, pero hoy el verdadero rival no está en la cancha: está en la calle, en las rutas, en el entorno.
El debate no debería existir, pero existe porque el escenario también: tras la muerte de “El Mencho”, el repunte de violencia e inseguridad desató un cuadro que paralizó zonas enteras: suspensión de clases, cancelación de transportes, negocios cerrados y bloqueos masivos en varios estados. Esa no es la antesala de un evento clasificatorio internacional; es la antesala de un Estado puesto a prueba.
Y aquí aparece la parte más incómoda: la FIFA no está atada de manos. Su propio reglamento reconoce que puede cancelar, reprogramar o reubicar partidos por motivos de seguridad o protección. Entonces, si se insiste en mantener la repesca allí sin garantías verificables, no será por falta de facultades: será por cálculo. Porque en la FIFA el calendario y el contrato suelen pesar más que el sentido común.
Mientras tanto, desde el poder llegan frases tranquilizadoras que suenan a sello automático: que “todo estará bien”, que “hay garantías”, que “no hay riesgo”. Y desde la cúpula futbolística, el presidente de la FIFA dice estar “muy tranquilo”. Tranquilo, claro: la tranquilidad siempre es más fácil cuando se viaja con burbujas de seguridad, comitivas y rutas blindadas. El problema es que los hinchas no viajan con burbujas. Los equipos no se trasladan con discursos. Y la repesca no se juega en un PowerPoint.
La repesca es, además, el examen previo del Mundial. Si México no puede garantizar seguridad en estos partidos, ¿qué le espera a un torneo que moverá a miles de visitantes entre ciudades y carreteras? La FIFA juega a la administración del riesgo, pero el riesgo no se administra con comunicados: se reduce con decisiones.
Hoy la repesca está en el aire porque la seguridad está en duda. Y en una duda así, postergar la decisión es una forma de empujar el problema hacia el borde.
Reflexión final
El llamado es directo: autoridades mexicanas, dejen de vender certezas como marketing; presenten planes, cifras, responsables y protocolos comprobables. Y FIFA, si tienes la potestad de reubicar por seguridad, úsala con anticipación y transparencia, no cuando la realidad te obligue a reaccionar. Porque si el fútbol necesita esperar una tragedia para tomarse en serio la vida, entonces el espectáculo ya ganó… y la ética ya perdió. (Foto: Exitosa).
