De Soto advierte: cerronistas y acuñistas en gabinete Balcázar

En el Perú, un gabinete no se presenta: se sospecha. Y cuando alguien lo dice en voz alta, la política se ofende como si la ingenuidad fuera un deber cívico. Esta vez, Hernando De Soto lanzó una alerta incómoda: en el gabinete de José María Balcázar se habrían colado cerronistas y acuñistas. Traducido al idioma de la calle: el “equipo de gobierno” estaría menos pensado para gobernar y más diseñado para sobrevivir. No es un detalle; es una señal. Porque cuando el poder se arma por cuotas, el país se gobierna por parches.

De Soto cuenta que se reunió con Balcázar desde temprano, entregó una lista de nombres para un gabinete y, después, silencio. No hubo respuesta, no hubo confirmación, no hubo conducción clara. Y de pronto, como si el Estado fuera un evento que se reorganiza con un mensaje de último minuto, se juró otro gabinete. El episodio no solo deja a De Soto fuera; deja al país con la pregunta más peligrosa: ¿quién decide realmente?

Ahí entra la acusación más grave: la presencia de cerronistas y acuñistas no sería un accidente, sino un mensaje político. Cerronistas: el retorno de una lógica ideológica y de poder que ya dejó cicatrices institucionales. Acuñistas: la cuota pragmática, el músculo parlamentario, la gestión como intercambio, el “apoyo” con factura. Dos corrientes distintas, pero con una coincidencia alarmante: su prioridad no suele ser el ciudadano, sino la captura del Estado por intereses, lealtades y cálculos.

Y cuando la política se dedica a eso, lo demás colapsa con puntualidad. La seguridad no espera reuniones. La extorsión no se suspende por juramentaciones. Los hospitales no mejoran porque un ministro “representa” a una bancada. El Perú real —el que toma combi, abre un negocio, manda a sus hijos al colegio— no necesita equilibrios internos: necesita resultados externos. Pero los gabinetes por cuotas nacen con un vicio de origen: cada ministro mira primero a su padrino y después al país.

La ironía es brutal: en nombre de la “gobernabilidad” se arma un gabinete que puede volverse ingobernable. Porque cuando cada sector tiene dueño, cada decisión tiene peaje. Y cuando cada decisión tiene peaje, el gobierno se vuelve lento, defensivo y rehén. La autoridad termina negociando lo básico y posponiendo lo urgente.

Si la advertencia de De Soto es cierta, el gabinete de Balcázar no sería un equipo para enfrentar crisis, sino una mesa de partes del poder. Y un país en crisis no puede darse el lujo de ser administrado como reparto.

Reflexión final
El Perú no necesita un gabinete que “contenga” a cerronistas o acuñistas. Necesita un gabinete que contenga la delincuencia, la corrupción y el colapso del Estado. Si el nuevo gobierno comienza con cuotas y sombras, terminará con lo de siempre: más desconfianza, más fragilidad y un ciudadano que, una vez más, mira al Palacio como se mira un circo: con incredulidad… y con miedo. (Foto: Alata Voz).

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