Este sábado 28 de febrero de 2026, el Círculo de Periodistas Deportivos del Perú estuvo a punto de la fractura institucional y quiebre legal: la Asamblea Nacional convocada para hoy no pudo instalarse por el clima de confrontación entre dos facciones que, desde 2023, mantienen al gremio en tensión permanente. Hubo discusiones, momentos de alta fricción e incluso intervención policial para evitar que los conatos escalen. Pero el dato central de la jornada no fue el conflicto, sino el giro que lo contuvo: primó la prudencia, se suspendió la asamblea y se abrió una tregua con compromiso formal de diálogo. En un escenario donde la polarización suele imponerse, la decisión de frenar a tiempo y sentarse a coordinar representa un avance concreto hacia lo más importante: recuperar la institucionalidad y volver a poner al Círculo al servicio de sus agremiados.
Cuando un gremio atraviesa un conflicto prolongado, el desgaste suele empujar a dos extremos: la indiferencia o la confrontación permanente. Por eso, lo sucedido hoy tiene un peso especial. Frente a la cancelación de la Asamblea y pensando en lo mejor para la institución, ambas partes aceptaron establecer una tregua y abrir un canal de coordinación inmediata. En representación de Agustín Rodríguez Yupanqui, el secretario de organización Antonio Mandujano se reunió con Luis Salazar Valdelomar y con Raúl Maraví Ayala, en su calidad de past presidente. El acuerdo fue concreto: detener la Asamblea, suscribir un acta y reunirse la próxima semana para coordinar acciones conjuntas en favor de la salud institucional y del bienestar de los agremiados.
No es un detalle menor. Los enfrentamientos se arrastran desde 2023 y han dejado consecuencias dolorosas: paralización de espacios de decisión, fractura interna, pérdida de tiempo y energías que deberían estar enfocadas en fortalecer el gremio y su rol público. En ese sentido, una tregua con compromiso de reunión y acta suscrita es más que un gesto: es un punto de inflexión que puede transformar la dinámica del choque en una ruta real de reconstrucción institucional. Y, sobre todo, puede convertirse en el primer paso para garantizar que en diciembre de 2026 el Círculo llegue a elecciones limpias, transparentes y con participación plena de los agremiados, sin exclusiones ni “interpretaciones” convenientes. La tregua, bien administrada, puede devolver previsibilidad, reducir la crispación y crear las condiciones mínimas para que el debate gremial vuelva a ser un ejercicio democrático y no una disputa de trincheras.
Este avance cobra todavía mayor relevancia si se considera el contexto de denuncias institucionales recientes. La directiva del Círculo ha advertido públicamente riesgos de gobernabilidad, legalidad y protección patrimonial, incluyendo alertas sobre maniobras administrativas destinadas a sostener permanencias cuestionadas y comprometer decisiones clave. Entre los puntos sensibles expuestos se ha señalado la necesidad de cautelar el patrimonio institucional, dada la relevancia y el valor de los activos del gremio. En ese escenario, el diálogo no solo es deseable: es urgente. Y lo positivo es que hoy se eligió el camino más maduro: desactivar la escalada, bajar el tono y priorizar el interés gremial por encima del orgullo de facción.
La tregua no resuelve todo, pero sí abre la puerta que parecía cerrada: sentarse a dialogar con seriedad, acordar reglas claras, ordenar la institucionalidad y devolverle estabilidad a una organización que existe para servir —no para dividir— a sus asociados. Si la próxima semana se sostiene el compromiso, este episodio puede convertirse en el primer tramo de una reunificación posible. La clave estará en que el diálogo tenga método, tiempos, acuerdos verificables y una visión compartida: un Círculo funcional, legítimo y orientado a resultados para sus agremiados.
Reflexión final
Hoy se dio un gran paso: se reemplazó la lógica del choque por la lógica del diálogo. En un país donde muchas instituciones se rompen por dentro y nunca se reparan, que un gremio decida frenar a tiempo y buscar lo mejor para el Círculo y sus agremiados es una señal esperanzadora. Ojalá los próximos días consoliden consensos, transparencia y acuerdos verificables: una hoja de ruta pública, reglas compartidas, rendición de cuentas y un compromiso real de llegar a diciembre de 2026 con un proceso electoral incuestionable. Porque cuando el Círculo se fortalece, también se fortalece el periodismo deportivo: su credibilidad, su representatividad y su capacidad de servir a quienes lo integran.
