La industria del entretenimiento en Lima sigue demostrando que un concierto no termina en el escenario: se convierte en un ecosistema económico completo. Los shows de Alejandro Sanz, realizados el miércoles 25 y jueves 26 de febrero en el Estadio Nacional, dejaron una señal clara para el sector empresarial: la experiencia del público también mueve consumo, empleo temporal y formalización. Según lo informado por la Sunat, la venta de bebidas, alimentos y merchandising oficial superó el S/ 1 millón, evidenciando el potencial comercial de los eventos multitudinarios cuando se gestionan con orden y controles adecuados.
La cifra total reportada alcanzó S/ 1.167.478 y fue registrada en el marco de un operativo de fiscalización que supervisó el funcionamiento de 50 puntos de venta autorizados dentro del recinto. En términos operativos, participaron 36 inspectores, quienes verificaron la inscripción en el RUC y la correcta emisión de comprobantes de pago, un componente clave para asegurar transparencia y competencia leal entre negocios.
El detalle del consumo también resulta revelador para entender tendencias. La mayor facturación provino de las bebidas (agua, gaseosas y cerveza), con S/ 967.381, confirmando que la logística de hidratación y servicio rápido sigue siendo el corazón comercial de estos espectáculos. En segundo lugar, los alimentos —como hamburguesas, choripanes y popcorn— sumaron S/ 148.151, mientras que el merchandising oficial (ropa y accesorios con marca del concierto) aportó S/ 51.946. En conjunto, estos números muestran que el público no solo compra: busca comodidad, experiencia y recuerdo.
Desde una mirada empresarial, el caso deja tres aprendizajes. Primero, la importancia de una oferta bien segmentada: bebidas como motor, alimentos como soporte, merchandising como valor emocional. Segundo, el rol de la formalización: controles como la Verificación Inicial del Cumplimiento de Obligaciones Tributarias (Vicot) y el “Control de Boletaje” permiten estimar operaciones reales, incentivar la emisión de comprobantes y reducir espacios para informalidad. Tercero, el crecimiento del “event economy”: proveedores, operadores, logística, marcas y servicios financieros se integran en una cadena que puede escalar si se profesionaliza.
Que un solo artista genere más de S/ 1,16 millones en ventas internas en dos fechas confirma el peso económico de los conciertos en la ciudad. Bien ejecutados, estos eventos no solo entretienen: dinamizan consumo, impulsan empleo y fortalecen la cultura de cumplimiento tributario.
Reflexión final
El desafío —y la oportunidad— es convertir estos operativos en una práctica estándar de mejora: más orden, mejores servicios, mayor digitalización de pagos y una experiencia del público que se traduzca en crecimiento sostenible para todos los actores. Cuando cultura y formalidad avanzan juntas, gana el espectáculo… y gana la economía.
(Foto: Andina).
