Luna y Acuña ponen el voto de confianza al gabinete Miralles

En el Perú, el “voto de confianza” ya no parece un mecanismo de control democrático, sino un trámite con olor a pasillo. La noticia lo pinta sin pudor: Luna y Acuña le ponen en bandeja el voto de confianza al gabinete Miralles. Y lo hacen con esas “condiciones” tan generales que sirven para todo… y no obligan a nada. Elecciones “limpias”, lucha contra la inseguridad, crecimiento económico: el menú habitual de promesas que cualquiera firma de palabra, pero casi nadie ejecuta con resultados medibles.

José Luna, desde Podemos, dice que apoyará si escucha en el Pleno el compromiso de “elecciones totalmente limpias” y “lucha frontal” contra la criminalidad. César Acuña, desde APP, repite el libreto: escuchar, evaluar, decidir según el mensaje.
El problema no es que exijan; el problema es que exijan lo obvio. Porque, seamos serios: ¿qué gabinete se presentaría a declarar “no garantizaremos elecciones transparentes” o “no enfrentaremos la inseguridad”? Ese tipo de condición es como pedirle al piloto que prometa aterrizar con el avión entero: suena prudente, pero revela que nadie confía en el control de la torre.

La “bandeja” se vuelve más evidente cuando desde la propia bancada de Podemos se desliza lo que en realidad manda: si votamos por Balcázar para que asuma la presidencia, lo lógico es sostener su gobierno con la confianza. Ahí se termina el teatro: no es evaluación técnica, es continuidad política del acuerdo que permitió el ascenso.
Y cuando el voto de confianza funciona como extensión del pacto, ya no es “confianza”: es blindaje.

Entre Podemos y APP se habla de 29 votos, capaces de inclinar la balanza en un Congreso fragmentado. Ese peso podría usarse para imponer condiciones verificables: cronogramas de reformas electorales, metas de seguridad con indicadores públicos, compromisos presupuestales auditables, filtros de idoneidad y transparencia en designaciones. Pero no: se opta por condiciones tibias, lo suficientemente amplias para justificar cualquier voto a favor y, después, lavarse las manos.

Además, el gabinete Miralles tiene plazo para presentarse ante el Pleno hasta el 26 de marzo, y la confianza se define por mayoría simple. En ese tablero, la “evaluación” suele convertirse en negociación: apoyo a cambio de agenda, cuotas o sobrevivencia. Y el país, otra vez, mirando cómo la gobernabilidad se cocina mientras la calle paga la factura.

Luna y Acuña dicen “no es automático”, pero el gesto huele a automático con discurso previo. Si el Congreso entrega confianza sin dientes, el mecanismo pierde sentido y la política se vuelve administración de acuerdos, no de resultados.

Reflexión final
La democracia no se defiende con frases grandes y obligaciones pequeñas. Si el voto de confianza se sirve “en bandeja”, la ciudadanía queda con lo de siempre: promesas arriba, inseguridad abajo; discursos sobre elecciones limpias, pero sin reformas concretas; y un país que no gobierna su futuro, sino que lo negocia por partes. (Foto: Radio Folk Perú).

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