Perros robot para el Mundial: tecnología contra el miedo en México

México acaba de encontrar una metáfora perfecta para su relación con la seguridad: comprar perros robot para “custodiar el orden” durante el Mundial 2026. Sí, cuadrúpedos metálicos con cámaras y altavoces, sin armas, listos para “entrar primero” cuando la situación se ponga peligrosa. La escena parece salida de una serie futurista, pero ocurre en el municipio de Guadalupe, en Monterrey. Y el dato que completa el cuadro es brutal: cuatro unidades a unos 145 mil dólares cada una. La pregunta no es si la tecnología impresiona. La pregunta es qué tan grave es el problema para que la respuesta institucional sea un show de metal con patas.

Según la autoridad local, el objetivo es “auxiliar a los efectivos” y proteger su integridad “en caso de riesgo alto”. Traducido a la vida real: el Estado reconoce que hay escenarios donde mandar primero a un ser humano es demasiado peligroso. Eso ya debería encender todas las alarmas. Porque un Mundial no debería exigir soluciones de ciencia ficción para algo tan básico como caminar sin miedo cerca de un estadio.

Los K9-X —modelo Unitree Go2— transmitirán imágenes en tiempo real a una central de seguridad, para evaluar qué hacer ante un ataque con arma blanca, arma de fuego o incluso un atentado. Y aquí aparece el problema de fondo: el perro robot no es el escudo, es el síntoma. No se compra tecnología por modernidad; se compra cuando la inseguridad obliga a blindar la realidad para que el evento salga “bonito” en televisión.

Además, no es solo seguridad: es vigilancia. Cámaras, altavoces, transmisión en tiempo real. ¿Quién administra esos datos? ¿Qué protocolos existen? ¿Dónde quedan los controles democráticos cuando el evento deportivo se convierte en laboratorio de monitoreo y “prevención”? Porque el riesgo es claro: que el Mundial sea el pretexto para normalizar medidas extraordinarias sin rendición de cuentas.

Y mientras tanto, lo esencial sigue esperando: inteligencia real, investigación criminal seria, policía profesionalizada, justicia eficaz, prevención social. El perro robot no reemplaza nada de eso. Solo disimula… por un rato.

Los perros robot pueden ser útiles en una intervención puntual, sí. Pero venderlos como símbolo de “orden” es otra cosa: es admitir que el país necesita aparatos para hacer frente a lo que la política no resolvió. El Mundial no puede ser una vitrina que maquille el miedo.

Reflexión final
A las autoridades: menos espectáculo y más transparencia. Publiquen protocolos, auditorías, criterios de uso, custodia de datos y controles externos. Y a la FIFA: si de verdad habla de “fiesta”, que exija lo básico antes que lo vistoso: garantías de seguridad con respeto a derechos, y responsabilidad pública clara. Porque si la paz depende de un perro de metal, el problema no es tecnológico: es estructural. (Foto: Telemundo).

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