Transportistas anuncian paro nacional para este jueves

El Perú vuelve a la misma escena: motores apagados, calles tensas y un país que descubre —tarde— que sin transporte no hay economía que aguante. Los gremios anuncian paro nacional indefinido desde este jueves 12 de marzo, empujados por la crisis de combustibles: escasez de GNV, alza de gasolinas y diésel, y un mercado que ya empieza a trasladar el golpe a los precios de alimentos y servicios. Lo más grave no es el paro. Lo grave es que el paro se haya convertido en el mecanismo “normal” para que el Estado escuche.

Los transportistas no reclaman un lujo: reclaman viabilidad. Hablan de gasolina por encima de S/22 el galón, estaciones con desabastecimiento y pérdidas diarias que se acumulan sin un plan oficial convincente. En ese contexto, el Gobierno responde con un bono de S/120 para taxistas, que los gremios consideran insuficiente: un taxista puede gastar entre S/80 y S/120 diarios solo en combustible. Es decir, el “apoyo” alcanza —en el mejor de los casos— para un día de trabajo. El resto del mes se financia con milagros.

La demanda de fondo, sin embargo, va más allá del bono: medidas tributarias temporales para amortiguar el precio de combustibles en emergencia, y una estrategia de abastecimiento que no sea puro parche. Los dirigentes aseguran que llevan años planteando políticas sin respuesta efectiva. Si esa afirmación es cierta, la paralización no es una sorpresa: es el resultado de un Estado que se mueve por empujón, no por previsión.

El problema es que el paro no se queda en el volante. Se extiende al mercado: si el transporte de carga se detiene, sube el costo de distribución; si el taxi se reduce, se encarece la movilidad; si faltan combustibles, se ralentiza la actividad económica. Y la inflación no espera reuniones pendientes. Lo que hoy se discute como “crisis energética” mañana se convierte en crisis de bolsillo, sobre todo en los hogares que ya viven al límite.

Aquí aparece lo más mordaz: el país exige soluciones y recibe demora. Los gremios denuncian que el Ejecutivo aún no fija reunión clara, mientras la paralización “ya viene en camino”. Esa frase resume el Perú: el Estado siempre llega después del problema, cuando el conflicto ya está instalado. Y luego pide calma.

El paro del 12 de marzo no es un hecho aislado. Es una señal de alarma sobre la fragilidad de la gestión pública en energía y combustibles. Cuando el Gobierno responde con medidas simbólicas, la calle responde con medidas reales: detenerse.

Reflexión final
El transporte no puede ser el fusible permanente de la incapacidad estatal. Un país no se gobierna a punta de bonos mínimos ni de comunicados tardíos. Si el Ejecutivo no presenta medidas focalizadas, diálogo inmediato y un plan serio de abastecimiento, el jueves no será solo un paro: será otra demostración de que, en el Perú, la gobernabilidad se ha vuelto reactiva y la crisis, costumbre. (Foto: Existosa).

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