Dormir bien es una necesidad básica, no un lujo postergable. Sin embargo, en el Perú el descanso adecuado se ha convertido en una meta cada vez más difícil de alcanzar. En el marco del Día Mundial del Sueño, una encuesta global de Win en 2025 revela que solo cuatro de cada diez peruanos considera que duerme bien. Detrás de esta cifra aparecen factores que forman parte de la rutina diaria: estrés, tráfico, largas jornadas laborales y el uso constante de celulares y pantallas. El problema no solo afecta el rendimiento cotidiano, sino también la salud física y mental a mediano y largo plazo.
Especialistas en medicina del sueño advierten que muchos adultos están descansando menos de lo recomendado. Para personas entre 18 y 65 años, lo ideal es dormir entre siete y nueve horas por noche. Sin embargo, una parte importante de la población apenas alcanza seis horas. El resultado suele reflejarse en cansancio acumulado, dificultad para concentrarse, irritabilidad y baja energía durante el día, señales que muchas veces se han normalizado como parte de una vida acelerada.
Uno de los factores más influyentes es la exposición a pantallas antes de dormir. Celulares, computadoras y televisores alteran la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño. Revisar redes sociales, responder mensajes o permanecer conectado hasta altas horas de la noche retrasa el descanso y afecta la capacidad del cuerpo para entrar en un sueño reparador. A esto se suma una carga mental permanente: trabajo, preocupaciones económicas, inseguridad y tráfico. Aunque el cuerpo llegue a la cama, la mente muchas veces sigue en actividad.
Dormir mal de forma sostenida puede traer consecuencias importantes. Los especialistas señalan que la falta de descanso prolongada se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, debilitamiento del sistema inmunológico, afectación de la salud mental y alteraciones hormonales que pueden influir en el apetito, el sobrepeso y la obesidad. También aparece la llamada “deuda de sueño”, que ocurre cuando varias noches insuficientes se acumulan y no se compensan realmente con dormir más solo los fines de semana.
Frente a este escenario, la recomendación es apostar por hábitos sostenibles: mantener horarios regulares, reducir pantallas antes de acostarse, evitar estimulantes en la noche y reservar el dormitorio como un espacio para el descanso. También es importante evitar la automedicación. El uso de pastillas o suplementos sin supervisión profesional puede generar dependencia y no resolver la causa de fondo.
La calidad del sueño se ha convertido en un tema de salud pública que merece mayor atención. Dormir bien impacta directamente en la energía, el estado de ánimo, la concentración y la prevención de enfermedades.
Reflexión final
Cuidar el sueño es cuidar la vida diaria. En una sociedad marcada por la prisa y la hiperconexión, recuperar el valor del descanso puede ser una de las decisiones más saludables, preventivas y transformadoras para el bienestar personal y colectivo. (Foto: Infobae).
