¿Por qué Wolfgang Grozo sigue subiendo en plena tormenta?

La última encuesta de Datum no solo confirma un mapa electoral fragmentado; también revela una señal inquietante del momento político peruano: Wolfgang Grozo sigue creciendo en las preferencias y ya bordea el 5,1 %, mientras el bloque de indecisos, blancos y viciados supera ampliamente a cualquier candidato individual. Rafael López Aliaga aparece primero con 11,4 %, Keiko Fujimori vuelve al segundo lugar con 10,9 % y Alfonso López Chau alcanza 6,5 %, pero el ascenso sostenido de Grozo merece atención porque expresa algo más profundo que una simple variación estadística: el hartazgo ciudadano con la oferta tradicional y la facilidad con que, en medio del desconcierto, nuevos nombres pueden escalar aun bajo sombra de controversia.

Grozo no lidera la contienda, pero su crecimiento resulta políticamente significativo. Según el seguimiento de Datum, su candidatura pasó de 2,9 % en diciembre a 5,1 % en la medición más reciente, consolidando una tendencia ascendente. En un escenario donde más del 37 % del electorado sigue entre la indecisión, el voto blanco y el viciado, no se necesita una adhesión masiva para ganar terreno: basta con captar el enojo, la desorientación y la fatiga de una ciudadanía que ya no confía en casi nadie.

Pero ahí aparece la advertencia que no debería minimizarse. El propio reporte difundido sobre la encuesta aclara que fue elaborado antes de conocerse las revelaciones sobre los encuentros entre Wolfgang Grozo y Zamir Villaverde. Después, el candidato admitió que sí conocía al empresario y atribuyó su negación inicial a un “error por omisión”. En política, ese tipo de rectificaciones no son detalles menores. Cuando un candidato crece mientras su discurso empieza a mostrar fisuras, lo que está en juego no es solo su porcentaje en una encuesta, sino la calidad del filtro ciudadano frente a trayectorias y vínculos que exigen máxima transparencia.

El problema, entonces, no es que Grozo suba. En democracia cualquiera puede crecer. El problema es por qué sube y bajo qué clima lo hace. Sube en un país donde más de la mitad de los electores ni siquiera conoce el símbolo del partido por el que piensa votar, según la misma medición. Es decir, avanza en una campaña donde la desinformación, la volatilidad y el rechazo al sistema están moldeando decisiones tan o más que los planes de gobierno. Eso vuelve más frágil al elector y más rentable al candidato que se beneficia del ruido antes que del escrutinio.

El ascenso de Wolfgang Grozo debe leerse como síntoma antes que como sorpresa. Es el síntoma de una democracia fatigada, de una oferta política desacreditada y de un electorado que, en muchos casos, vota más contra alguien que a favor de un proyecto.

Reflexión final
Cuando un candidato sigue creciendo en medio de alertas, revelaciones pendientes y una ciudadanía desinformada, la pregunta no es solo quién sube en la encuesta. La pregunta de fondo es qué tan debilitado está el juicio público. Porque una democracia no se deteriora únicamente cuando aparecen malos candidatos, sino también cuando el cansancio colectivo empieza a volverlos viables. (Foto: El Peruano).

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