Ipsos revela empate y vacío de propuestas en campaña electoral

La última encuesta de Ipsos no trae una buena noticia para la democracia peruana. Trae, más bien, una fotografía inquietante de su desgaste. A solo 17 días de la elección presidencial del 12 de abril, Keiko Fujimori registra 11% de intención de voto y Rafael López Aliaga 10%, en lo que Ipsos considera un empate técnico. Detrás de ellos aparece un segundo pelotón de cuatro candidatos —Alfonso López-Chau, Roberto Sánchez, Carlos Álvarez y Jorge Nieto— con apenas 5% cada uno. Y, como si eso no bastara para exhibir la fragilidad del escenario, el voto en blanco, viciado o ninguno sube a 21%.

Lo primero que salta a la vista no es la fortaleza de los punteros, sino la debilidad general del sistema. En un país con más de 27 millones de electores y 35 candidatos presidenciales, el liderazgo se sostiene con porcentajes mínimos. Eso no revela una competencia sana y vibrante; revela una oferta política fragmentada, una ciudadanía desconfiada y una democracia que sigue votando sin encontrar representación sólida. El empate en la punta no es necesariamente señal de entusiasmo. Puede ser, más bien, prueba de una elección sin convicción dominante.

El segundo dato es todavía más duro: el “pelotón” que sigue a Fujimori y López Aliaga no despega. Cuatro candidatos empatados con 5% no configuran una alternativa potente; configuran una dispersión que confirma el vacío de liderazgo. El problema no es que haya pluralidad. El problema es que esa pluralidad no está produciendo claridad ni proyecto de país. Mientras el Perú sigue atrapado entre inseguridad, extorsión, crisis institucional y hartazgo ciudadano, buena parte de la competencia parece moverse entre la supervivencia electoral y el cálculo coyuntural.

El simulacro nacional refuerza esa lectura. Allí Keiko Fujimori obtiene 17,3% de votos válidos y Rafael López Aliaga 17,2%, prácticamente un empate exacto. Más atrás aparecen López-Chau con 7,9%, Roberto Sánchez con 7,5%, Carlos Álvarez con 7,4%, Jorge Nieto con 5,4% y César Acuña con 5,2%, este último cayendo con fuerza respecto de la medición anterior. Es decir, la encuesta no muestra una carrera decidida, sino una disputa trabada donde nadie logra construir una adhesión realmente contundente.

Y hay un dato que debería avergonzar a toda la clase política: Keiko Fujimori y López Aliaga encabezan también el porcentaje de electores que aseguran no cambiar su voto, con 67% y 61%, respectivamente. No porque el sistema haya producido grandes consensos, sino porque el electorado más duro y fidelizado sigue pesando más que una mayoría todavía golpeada por la decepción y la falta de opciones persuasivas.

La encuesta de Ipsos confirma un empate en la punta y un cuádruple empate en el segundo pelotón, pero lo que realmente deja al descubierto es otra cosa: una elección marcada por liderazgos débiles, fragmentación persistente y una confianza ciudadana todavía rota.

Reflexión final
Cuando una contienda presidencial entra a su recta final con punteros tan frágiles, perseguidores tan estancados y un voto blanco o de rechazo todavía tan alto, el mensaje es claro: el problema no es solo quién va primero. El problema es que el país sigue buscando, entre demasiados nombres, una razón seria para creer.

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