Cada proceso electoral en el Perú viene acompañado de restricciones que, en teorÃa, buscan preservar el orden y garantizar una jornada cÃvica sin incidentes. Entre ellas, la más conocida es la Ley Seca. Para las Elecciones Generales 2026, esta medida empezará el sábado 11 de abril a las 8:00 a. m. y se extenderá hasta el lunes 13 de abril a las 8:00 a. m.. La disposición no solo prohÃbe la venta de bebidas alcohólicas, sino que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué en cada elección el Estado necesita recurrir a la prohibición para intentar asegurar lo que deberÃa garantizar con prevención, cultura cÃvica y autoridad sostenida?
La respuesta formal es sencilla: se busca evitar disturbios, desórdenes y hechos que alteren el normal desarrollo del proceso electoral. Pero detrás de la norma hay una verdad menos cómoda. La Ley Seca no existe solo por prudencia; existe también porque el Estado desconfÃa de la conducta ciudadana y porque sabe que, en un paÃs con frágil respeto por la autoridad, cualquier exceso puede convertirse en conflicto.
El problema es que muchas veces estas medidas terminan exhibiendo una contradicción muy peruana. Se actúa con firmeza durante las elecciones, pero esa misma energÃa desaparece cuando toca enfrentar el desorden cotidiano, la informalidad, la violencia callejera o la falta de control permanente en miles de establecimientos. Es decir, el Estado se pone severo por 48 horas, pero el resto del tiempo convive con el incumplimiento como si fuera parte del paisaje.
La Ley Seca, además, no es una recomendación simbólica. El incumplimiento puede acarrear multas, clausuras e incluso sanciones penales si hay resistencia a la autoridad o disturbios. Sin embargo, el debate no deberÃa limitarse a cuánto castiga la norma, sino a cuánto previene realmente. Porque una democracia sana no deberÃa depender únicamente de restricciones de emergencia para funcionar con orden.
También conviene subrayar algo esencial: el problema no es el alcohol en sà mismo, sino la ausencia de una cultura de responsabilidad. Cuando el cumplimiento de la ley depende más del temor a la sanción que del respeto a la convivencia, el problema deja de ser electoral y se vuelve estructural.
Saber desde cuándo empieza la Ley Seca es importante: rige desde el sábado 11 de abril a las 8:00 a. m. Pero más importante aún es entender por qué sigue siendo necesaria y qué revela sobre nuestras debilidades como sociedad y como Estado.
Reflexión final
Cada elección deberÃa medir no solo la madurez del votante, sino también la seriedad de las instituciones. Si el orden democrático necesita prohibiciones excepcionales para sostenerse, entonces el desafÃo no termina en las urnas: empieza mucho antes, en la forma en que un paÃs aprende —o no— a respetarse a sà mismo.(Foto: Onpe).
