Este domingo: votar por los mismos es hundir más al Perú

Este domingo el Perú no acudirá simplemente a una cita electoral; acudirá a un examen de conciencia colectiva. En las urnas no solo se escogerán autoridades, sino también se pondrá en evidencia si el país ha aprendido algo de los años recientes: años marcados por el deterioro institucional, la captura de organismos públicos, el debilitamiento de la justicia, el colapso de servicios esenciales y una violencia criminal que ha convertido la inseguridad en rutina. Votar, esta vez, no puede ser un acto mecánico ni una reacción impulsiva. Debe ser una decisión cargada de memoria.

El país llega a estas elecciones arrastrando una crisis incubada desde el propio poder político. No se trata únicamente de errores de gestión ni de desaciertos administrativos. Lo que hoy vive el Perú responde a una cadena de decisiones deliberadas que han favorecido intereses particulares por encima del interés nacional. La destrucción de contrapesos institucionales, el copamiento de entidades claves del Estado y la manipulación de organismos diseñados para fiscalizar el poder no son hechos aislados: son piezas de una misma estrategia de control.

Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta las consecuencias. Calles dominadas por extorsiones y sicariato, hospitales saturados, asegurados implorando por atención médica, universidades sin garantías de calidad y un aparato estatal cada vez más ajeno a las urgencias reales del país. Todo ello ocurre mientras muchos de los responsables buscan hoy reciclarse electoralmente con nuevos discursos, nuevas siglas y la misma práctica de siempre.

La crisis de seguridad ciudadana no apareció de la noche a la mañana. Es el resultado de leyes aprobadas con irresponsabilidad, de reformas debilitadas por cálculo político y de una alarmante tolerancia frente al avance del crimen. Cada norma mal diseñada, cada institución tomada por cuotas partidarias, cada organismo degradado para blindar intereses particulares ha ido erosionando la capacidad del Estado para responder a la ciudadanía.

Lo mismo ocurre con sectores como salud y educación. Cuando se debilita la Sunedu para favorecer intereses subalternos, no se perjudica a una entidad abstracta: se condena a miles de jóvenes a una educación de menor calidad y se traiciona a familias que sacrifican recursos para darles futuro a sus hijos. Cuando Essalud es capturado por intereses políticos, no se toma solo una institución: se juega con la vida de millones de asegurados convertidos en números de espera.

Lo más grave no es únicamente el daño causado, sino la naturalidad con que se ha pretendido normalizarlo. Se ha instalado la peligrosa idea de que el deterioro institucional es parte inevitable del paisaje peruano. Y esa resignación es, quizá, la victoria más perversa de quienes han vaciado de contenido a la política.

Desde esta editorial advertimos: votar sin memoria equivale a premiar a quienes han contribuido al deterioro del país. No basta con indignarse frente al crimen o lamentar el colapso de los servicios públicos si, al momento de elegir, se vuelve a respaldar a las mismas fuerzas políticas que debilitaron el Estado para proteger sus propios intereses.

El voto consciente exige identificar no solo rostros, sino responsabilidades. Exige recordar qué bancadas impulsaron normas regresivas, qué sectores políticos desmontaron controles institucionales y quiénes han gobernado con prioridad en la impunidad antes que en el bienestar ciudadano.

Este domingo no habrá espacio para la ingenuidad. El país enfrenta una oportunidad decisiva para poner límite a una forma de hacer política basada en el deterioro deliberado, el blindaje mutuo y la captura del Estado. La democracia no se defiende solo votando: se defiende votando con criterio.

Reflexión final
El Perú no necesita más promesas recicladas ni candidaturas sostenidas en el olvido ciudadano. Necesita memoria, firmeza y responsabilidad democrática. Porque cada voto sin reflexión no es neutral: puede convertirse en la autorización silenciosa para que continúe el mismo ciclo de abuso, impunidad y abandono que ha llevado al país a este punto crítico. Este domingo, olvidar será también una forma de complicidad.(Foto: La Lupa).

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