Encuesta: Así va la intención de voto para la segunda vuelta

La encuesta Ipsos-Perú21 sobre la intención de voto para la segunda vuelta confirma que el país entra a una nueva etapa electoral dividido, desconfiado y sin entusiasmo mayoritario. La fotografía inicial muestra dos escenarios posibles: Keiko Fujimori empatada con Roberto Sánchez con 38% cada uno, o Keiko Fujimori por debajo de Rafael López Aliaga, 31% frente a 34%. Pero el dato más revelador no está solo en los candidatos, sino en el voto blanco o viciado: 17% en un escenario y 27% en el otro. Es decir, una parte importante del país no está eligiendo; está resistiéndose a elegir.

El estudio, realizado por Ipsos para Perú21, fue aplicado el 23 y 24 de abril a 1,208 personas mayores de edad en zonas urbanas y rurales del país. La encuesta se publica mientras aún se define oficialmente quién enfrentará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta del 7 de junio: Roberto Sánchez o Rafael López Aliaga. Según Ipsos, la campaña inicia altamente polarizada y con un electorado todavía en movimiento.

El empate entre Fujimori y Sánchez revela una elección de alta tensión ideológica. En ese escenario, ambos concentran 38%, mientras el voto blanco o viciado llega a 17%. Eso significa que la ciudadanía no solo compara propuestas; también calcula riesgos, rechazos y temores. La segunda vuelta empieza, otra vez, bajo la lógica del antivoto.

En el escenario Fujimori-López Aliaga, la situación cambia: López Aliaga registra una ligera ventaja de tres puntos. Sin embargo, el voto blanco o viciado sube a 27%, una cifra políticamente alarmante. Ese porcentaje expresa a ciudadanos que no se sienten representados por ninguno de los dos polos y que podrían convertir su rechazo en protesta electoral.

También destaca la evolución del antivoto. Fujimori reduce el rechazo respecto a mediciones anteriores, mientras Sánchez aumenta tanto su intención de respaldo como su resistencia. Esa combinación muestra que, al volverse más conocido, también se vuelve más cuestionado. En una segunda vuelta, no gana necesariamente quien entusiasma más, sino quien logra asustar menos.

Desde esta tribuna, la lectura es clara: la política peruana vuelve a empujar al ciudadano hacia una elección defensiva. No se vota por esperanza, sino por prevención. No se elige un proyecto, sino una amenaza menor. Ese deterioro no es culpa exclusiva del elector; es consecuencia de partidos débiles, campañas pobres y liderazgos incapaces de construir confianza más allá de sus bases duras.

Los candidatos tienen ahora una responsabilidad mayor: explicar cómo gobernarán, con quiénes lo harán y qué límites democráticos respetarán. El país no necesita una campaña de insultos, miedos y caricaturas. Necesita propuestas serias, equipos visibles y compromisos claros frente al autoritarismo, la corrupción, la inseguridad y la crisis económica.

Así va la intención de voto para la segunda vuelta: apretada, polarizada y atravesada por un voto de rechazo que puede definirlo todo. La encuesta no sentencia el resultado, pero sí advierte el clima: el Perú está cansado de votar entre dudas. Y cuando una democracia obliga a elegir con desconfianza, el problema ya no está solo en los candidatos. Está en un sistema político que todavía no aprende a representar. (Foto: Rcrperu.com).

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