Bayly revive el debate sobre la dictadura de Alberto Fujimori

Las elecciones suelen despertar pasiones, reabrir viejas heridas y poner a prueba la memoria colectiva de un país. En medio de la actual disputa presidencial, Jaime Bayly decidió recordar un capítulo que algunos prefieren presentar como una etapa superada y otros como una historia que jamás debe repetirse: la dictadura de Alberto Fujimori. Sus declaraciones no solo apuntan al pasado, sino a una pregunta incómoda para el presente: ¿puede una democracia avanzar si se resiste a reconocer sus propias fracturas?

Bayly fue directo al recordar que Alberto Fujimori cerró el Congreso en 1992 y concentró el poder en el Ejecutivo. Más aún, cuestionó que todavía existan sectores políticos que eviten calificar ese hecho como lo que fue: una ruptura del orden constitucional.

“Todo esto lo hizo desgraciadamente su padre”, afirmó el periodista al referirse al cierre del Parlamento, la concentración de poder y otras decisiones adoptadas durante aquel gobierno. En otra de sus intervenciones fue todavía más contundente: “Con apenas año y medio, menos de dos años en el poder, se convirtió en un dictador y gobernó como un déspota y abusó del poder”.

Las palabras de Bayly han generado polémica porque tocan uno de los temas más sensibles de la política peruana. Durante años, el país ha debatido entre los logros que algunos atribuyen a ese gobierno y los graves cuestionamientos vinculados a la erosión institucional, los abusos de poder, la corrupción y las violaciones a principios fundamentales del Estado democrático.

El problema no es recordar el pasado. El problema es intentar maquillarlo. Ninguna democracia madura puede construir una narrativa saludable si convierte los hechos históricos en piezas de propaganda. El cierre del Congreso, la concentración de poder y la subordinación de instituciones democráticas no son interpretaciones ideológicas; forman parte de la historia política del Perú.

Por ello, resulta legítimo que la ciudadanía exija claridad cuando se discute el legado de aquella etapa. No se trata de juzgar a una persona por las acciones de un familiar, sino de determinar qué posición se tiene frente a hechos que marcaron profundamente la vida republicana del país.

Las declaraciones de Jaime Bayly han devuelto al debate una discusión que muchos consideran incómoda, pero necesaria. La democracia no se fortalece ocultando sus episodios más oscuros, sino analizándolos con honestidad y sentido crítico.

Reflexión final
El mayor riesgo para una democracia no es recordar una dictadura; es acostumbrarse a ella o relativizar sus consecuencias. Los países avanzan cuando son capaces de mirar su historia sin miedo y sin complacencia. La memoria democrática no existe para alimentar odios ni revanchas. Existe para recordar que ningún gobernante, por popular que sea, puede estar por encima de las instituciones, la Constitución y las libertades que sostienen una República. Cuando el poder se concentra sin límites, la historia demuestra que los ciudadanos terminan pagando el precio. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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