23 partidos caminan hacia la desaparición tras las elecciones

La democracia no se mide por la cantidad de logos inscritos en un registro electoral, sino por la capacidad de los partidos para representar a la ciudadanía. La posible cancelación de la inscripción de 23 organizaciones políticas tras las Elecciones Regionales y Municipales de 2026 no constituye una amenaza para el sistema democrático. Constituye, más bien, el retrato de una clase política que durante años confundió presencia legal con representación real y sobrevivencia burocrática con legitimidad ciudadana.

Lo más contundente de este escenario es que estos partidos ni siquiera fueron sometidos a las reglas originales. El propio Congreso redujo las exigencias de representación territorial para facilitarles el camino y evitar su desaparición. Aun con las reglas flexibilizadas, fracasaron.

Si un partido no puede presentar candidatos suficientes ni construir presencia mínima en el país, resulta legítimo preguntarse cómo pretende gobernarlo.

Entre las agrupaciones que hoy podrían perder su inscripción figuran el Partido del Buen Gobierno, Partido Cívico Obras, Partido Aprista Peruano (APRA), Partido Popular Cristiano (PPC), Perú Libre, Partido Morado, Avanza País, Progresemos, Primero la Gente, Salvemos al Perú, Fe en el Perú, APP, Partido Político ADP y otras organizaciones que tampoco lograron cumplir las exigencias legales mínimas para conservar su registro.

La lista es mucho más que una estadística. Es el reflejo de un sistema político que durante años permitió la proliferación de partidos de ocasión, organizaciones sin militancia efectiva, sin trabajo territorial y sin vínculo permanente con la población. Muchos aparecen únicamente cuando se abren las inscripciones electorales y desaparecen apenas se cierran las urnas.

El problema no es solo administrativo. Es profundamente institucional. La fragmentación política ha convertido cada elección en un inmenso rompecabezas de siglas, colores y candidatos que dispersan el voto, debilitan la gobernabilidad y dificultan la construcción de consensos nacionales. El ciudadano termina enfrentando una oferta abundante en partidos, pero escasa en liderazgo, propuestas y credibilidad.

Más grave aún resulta comprobar que incluso organizaciones con representación parlamentaria o con una larga trayectoria histórica no lograron consolidar una presencia territorial suficiente. Tener congresistas o aparecer frecuentemente en los medios no reemplaza el trabajo político permanente con la ciudadanía.

La eventual desaparición de estas organizaciones no debería interpretarse como un retroceso democrático. Puede convertirse en una oportunidad para iniciar una verdadera depuración del sistema de partidos y exigir que solo permanezcan aquellas organizaciones capaces de demostrar representación efectiva y compromiso con el país.

Reflexión final
Quizá la noticia no sea que 23 partidos estén cerca de desaparecer. La verdadera noticia es que muchos de ellos llevaban años sobreviviendo sin representar auténticamente a nadie. El Perú no necesita más partidos de membrete, más franquicias electorales ni más organizaciones que solo despiertan cuando hay cargos en disputa. Necesita instituciones políticas sólidas, con militancia, propuestas, ética y vocación de servicio. Porque una democracia fuerte no se construye con más partidos, sino con mejores partidos.

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