El nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez fue presentado como la obra que marcaría un antes y un después en la infraestructura aeroportuaria del Perú. Con una inversión multimillonaria, tecnología de última generación y la promesa de convertir a Lima en el principal hub de Sudamérica, las expectativas eran enormes. Sin embargo, pocos meses después de su puesta en operación, los problemas comienzan a eclipsar los anuncios. Retrasos, fallas operativas, cuestionamientos en los accesos, deficiencias en los servicios y, recientemente, la afectación del sistema de navegación satelital GNSS, han puesto en duda si el país realmente estaba preparado para inaugurar una infraestructura de esta magnitud.
La falla registrada en el sistema GNSS provocó retrasos y cancelaciones de vuelos nacionales e internacionales, afectando a miles de pasajeros y generando pérdidas económicas para aerolíneas, empresas y viajeros. Aunque las autoridades aclararon que el problema no estaba relacionado directamente con la infraestructura del aeropuerto, para los usuarios la explicación resulta insuficiente. Quien pierde una conexión internacional, una reunión de negocios o un viaje familiar difícilmente distingue si la responsabilidad corresponde al aeropuerto, a la autoridad aeronáutica o al sistema de navegación.
El problema va más allá de un incidente puntual. Desde su inauguración, el nuevo Jorge Chávez ha enfrentado observaciones relacionadas con los accesos viales, la conectividad, la orientación para pasajeros, la capacidad de respuesta ante contingencias y la coordinación entre los distintos actores del sistema aeroportuario. Una infraestructura moderna pierde gran parte de su valor cuando la operación no responde con el mismo nivel de eficiencia.
El aeropuerto representa la principal puerta de ingreso al Perú. Es la primera imagen que reciben millones de turistas, inversionistas y empresarios. También es un componente estratégico para el comercio exterior, el transporte de carga y la competitividad nacional. Por ello, cualquier falla operativa repercute directamente en la reputación del país y en su capacidad para posicionarse como un destino confiable dentro de la región.
Resulta igualmente preocupante que muchas respuestas oficiales lleguen únicamente después de que ocurren los problemas. La gestión moderna exige prevención, protocolos claros y comunicación oportuna con los usuarios. No basta con informar que un servicio fue restablecido; es indispensable explicar por qué ocurrió la falla, qué medidas se implementarán para evitar su repetición y quién asume la responsabilidad de garantizar un servicio seguro y eficiente.
El Perú necesitaba un aeropuerto moderno, pero sobre todo necesitaba un aeropuerto confiable. La infraestructura constituye apenas una parte del desafío; la verdadera prueba está en la calidad de la operación diaria y en la capacidad para responder eficazmente ante cualquier contingencia.
Reflexión final
Las grandes obras públicas no se miden únicamente por el tamaño de sus edificios o el monto de la inversión ejecutada. Se evalúan por la experiencia que ofrecen a los ciudadanos y por la confianza que generan en el mundo. El nuevo Jorge Chávez todavía está a tiempo de convertirse en el aeropuerto que el Perú merece. Pero para lograrlo deberá demostrar que la excelencia operativa, la transparencia y la mejora continua pesan mucho más que una inauguración exitosa o una infraestructura imponente. Hoy, el verdadero desafío ya no es construir un gran aeropuerto, sino administrar uno con estándares internacionales todos los días. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
