La presidenta Keiko Fujimori habló de anemia, desnutrición infantil y embarazo adolescente. Planteó metas, invocó la meritocracia y prometió gestión por resultados. Sin embargo, dedicó pocos minutos a un sistema de salud fragmentado, saturado y marcado por hospitales paralizados, déficit de especialistas y brechas regionales que no se resuelven con frases de ocasión.
El Colegio Médico del Perú fue directo: el mensaje presidencial reconoció problemas, pero dejó sin respuesta lo esencial, una reforma integral del sector. No basta con diagnosticar la enfermedad si el Gobierno no explica el tratamiento, el presupuesto, los responsables ni los plazos.
El decano del CMP, Pedro Riega, recordó que el gremio entregó antes del cambio de mando un plan técnico para el periodo 2026-2031. La propuesta también fue remitida al nuevo Congreso bicameral. Pese a ello, el discurso no desarrolló una ruta concreta para transformar el sistema.
La omisión resulta más grave cuando existen más de 80 obras hospitalarias de gran envergadura paralizadas, muchas bajo responsabilidad de gobiernos regionales sin capacidad técnica suficiente para concluirlas. Destrabar infraestructura es urgente, pero un hospital terminado sin médicos, enfermeras, equipamiento, medicamentos ni presupuesto operativo puede convertirse en otro monumento a la improvisación.
Durante las últimas dos décadas, la creación de plazas para profesionales de la salud ha sido restrictiva. El resultado es conocido: especialistas concentrados en Lima, regiones abandonadas y médicos capacitados que emigran porque el paÃs los forma, pero no les ofrece estabilidad. El Estado anuncia nuevos hospitales mientras conserva viejas carencias de personal. Construye paredes, pero posterga el sistema que debe hacerlas funcionar.
La presidenta también prometió reducir la anemia infantil, la desnutrición y el embarazo adolescente. Son objetivos necesarios, pero una meta sin estrategia es apenas una cifra pronunciada desde un estrado. ¿Qué presupuesto las financiará? ¿Qué ministerios intervendrán? ¿Cómo se fortalecerá el primer nivel de atención? ¿Quién responderá si los resultados no llegan?
El exministro VÃctor Zamora advirtió, además, que el discurso presentó siete objetivos nacionales, pero ninguno estuvo dedicado especÃficamente a salud. Ni el Ministerio de Salud ni EsSalud recibieron una mención explÃcita. El sector volvió a quedar subordinado dentro de promesas sociales generales.
La salud pública no puede administrarse con discursos breves y compromisos amplios. El Gobierno debe presentar una reforma integral, con financiamiento, responsables, cronograma, personal suficiente y mecanismos públicos de rendición de cuentas.
Reflexión final
En el Perú, las promesas sanitarias se repiten mientras las emergencias esperan, los hospitales permanecen inconclusos y las familias buscan atención entre colas y carencias. La salud no necesita más minutos ceremoniales: necesita decisiones. Porque cuando el poder habla poco de una crisis enorme, el silencio también se convierte en una forma de abandono. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
