Inseguridad cambia el consumo: 58% de peruanos sale menos

La inseguridad ciudadana ya no determina solo por dónde caminamos, qué objetos llevamos o a qué hora regresamos a casa. También está cambiando la manera en que consumimos. El 58% de los peruanos afirma que sale menos que hace un año por temor a la delincuencia. Detrás de esta cifra existe una transformación silenciosa: millones de ciudadanos restringen sus desplazamientos y miles de negocios pierden oportunidades de recibir clientes.

La encuesta de Ipsos para el Observatorio del Crimen y la Violencia del BCP muestra que más de 15 millones de personas habrían reducido sus salidas. El impacto es mayor en los sectores con menos recursos: 65% en el nivel socioeconómico D, 59% en el C y 55% en el E. En los niveles B y A, las proporciones alcanzan 47% y 42%, respectivamente.

La diferencia económica también define la estrategia de protección. Quienes tienen mayores ingresos pueden reemplazar el transporte público por taxis o aplicaciones. Los sectores más vulnerables, en cambio, cambian rutas, dejan de llevar efectivo, viajan acompañados o simplemente renuncian a salir. Hasta para protegerse existe desigualdad.

El 85% evita abandonar su casa o su barrio a partir de alguna hora. Un 7% restringe sus salidas incluso durante el día; 13% deja de hacerlo desde las seis de la tarde o antes; 23% desde las ocho y 42% desde las diez de la noche. Así, la delincuencia ha creado su propio horario comercial y ha impuesto un toque de queda no declarado.

Restaurantes, cafeterías, bodegas, cines, tiendas, bares y servicios de transporte dependen del movimiento de personas. La encuesta no mide directamente cuánto disminuyeron sus ventas, por lo que no corresponde inventar pérdidas. Sin embargo, la relación es evidente: menos consumidores en las calles significan menos posibilidades de compra, especialmente durante la tarde y la noche.

El panorama se vuelve todavía más preocupante porque 66% considera que la delincuencia y el crimen organizado no mejorarán durante los próximos doce meses. Cuando la población pierde la expectativa de recuperar las calles, el cambio de hábitos deja de ser temporal y amenaza con convertirse en una nueva normalidad.

Combatir la inseguridad también es una política económica. No habrá reactivación completa mientras los ciudadanos teman salir, los comercios cierren temprano y el consumo presencial retroceda. Se necesitan resultados sostenidos, inteligencia policial, control penitenciario y protección efectiva de las zonas comerciales.

Reflexión final
La delincuencia no solo vacía bolsillos: también vacía restaurantes, tiendas y espacios públicos. Cuando seis de cada diez peruanos prefieren quedarse en casa, la economía pierde movimiento y el país pierde libertad. El consumidor ya cambió sus hábitos; ahora corresponde que el Estado cambie su respuesta. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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