Alerta roja por calor: El Niño desnuda otra vez la imprevisión

La primavera apenas comenzó y el Perú ya enfrenta una alerta roja por temperaturas que podrían alcanzar los 35 grados. Más de veinte regiones, incluida Lima, soportarán calor extremo, radiación ultravioleta elevada y ráfagas de viento cercanas a los 40 kilómetros por hora. El Fenómeno El Niño vuelve a presentarse, pero el Estado parece recibirlo con la misma sorpresa cuidadosamente ensayada de cada emergencia.

El Senamhi cumplió con advertir. La alerta rige del 23 al 25 de septiembre y comprende costa y sierra. El problema es que emitir un comunicado no equivale a proteger a la población. Una advertencia sin protocolos visibles, fiscalización ni capacidad de respuesta corre el riesgo de convertirse en un documento destinado a demostrar, después del daño, que alguien avisó.

El calor extremo no es una incomodidad estacional. Aumenta el riesgo de deshidratación, golpes de calor y afectaciones en niños, adultos mayores, pacientes crónicos y trabajadores expuestos al sol. También eleva la radiación ultravioleta y puede favorecer incendios forestales. Sin embargo, miles de escolares continúan estudiando en aulas sin ventilación adecuada, mientras vendedores ambulantes, obreros, policías y transportistas trabajan durante horas sin sombra ni acceso garantizado al agua.

¿Dónde están los planes diferenciados para colegios, hospitales, centros laborales y espacios públicos? ¿Qué municipios han identificado a sus poblaciones más vulnerables? ¿Cuántos establecimientos de salud disponen de personal, medicamentos y ambientes preparados? La prevención no consiste en recomendar sombreros y bloqueador mientras la infraestructura pública permanece abandonada.

El Niño Costero podría prolongarse hasta el primer trimestre de 2027. Por tanto, no estamos ante tres días aislados, sino frente a una señal anticipada de meses potencialmente difíciles. El Gobierno debe coordinar medidas nacionales y regionales: horarios laborales flexibles, hidratación obligatoria, vigilancia sanitaria, arborización, refugios climáticos, adecuación de colegios y campañas públicas permanentes. Esperar la emergencia para repartir botellas de agua sería nuevamente administrar el desastre en lugar de evitarlo.

La alerta roja también desnuda una injusticia: el calor no golpea a todos por igual. Quien posee aire acondicionado puede refugiarse; quien vive en una vivienda precaria o trabaja en la calle debe resistir. La crisis climática profundiza desigualdades que la política sigue tratando como estadísticas.

La conclusión es evidente: el país necesita convertir los avisos meteorológicos en decisiones concretas. Senamhi puede anticipar el peligro, pero corresponde a las autoridades impedir que la advertencia termine convertida en balance de víctimas.

La reflexión final es incómoda: El Niño no llega sin aviso. Lo verdaderamente impredecible es saber cuándo el Estado dejará de confundir información con prevención y reacción tardía con gobierno responsable. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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