Gianni Infantino ya está en campaña por su reelección y acaba de descubrir una herramienta difícil de ignorar: la chequera de la FIFA. El presidente abrió la posibilidad de aumentar sustancialmente la financiación destinada a las 211 asociaciones miembro, precisamente aquellas que definirán su continuidad en marzo de 2027. Apoyar el desarrollo del fútbol es una obligación institucional; anunciar millones cuando se buscan votos transforma esa obligación en un problema ético.
Infantino comunicó que respaldará “el mayor nivel de financiación adicional” que pueda concederse responsablemente. Aclaró que todavía no existe un monto aprobado y que el Consejo estudiará el asunto el 15 de octubre. Esa precisión evita hablar de un reparto consumado, pero no elimina la pregunta política: ¿por qué esta disposición aparece ahora, cuando su liderazgo es cuestionado y su reelección necesita consolidar apoyos?
La discusión comenzó cuando Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, y Victor Montagliani, titular de la Concacaf, plantearon entregar al menos 10 millones de dólares a cada una de las 211 asociaciones durante el ciclo 2027-2030. El desembolso total bordearía los 2.100 millones de dólares y saldría de reservas estimadas en 6.000 millones.
Infantino respondió dispuesto a respaldar incluso una cifra superior, siempre que sea financieramente responsable. La escena se parece demasiado a una competencia de ofertas frente a un electorado cautivo: alguien propone diez millones y el candidato responde que podría entregar más. El desarrollo deportivo no debería administrarse como una subasta de adhesiones.
El dinero de la FIFA no pertenece a Infantino ni a sus adversarios. Proviene del fútbol mundial y debe financiar canchas, selecciones femeninas, menores, entrenadores, arbitraje e infraestructura. Entregarlo es correcto; convertir su distribución en una demostración de generosidad presidencial resulta institucionalmente cuestionable.
El contexto tampoco ayuda. Infantino busca otro mandato después del fracaso de FIFA Forward Enterprise, proyecto que pretendía abrir derechos comerciales de los Mundiales a capital privado y fue retirado tras una fuerte oposición. Sus críticos sostienen que las reservas disponibles permiten ampliar los aportes sin privatizar parte del negocio.
Cualquier incremento debe aprobarse mediante una fórmula pública, técnica y permanente, con auditorías independientes, proyectos verificables y rendición de cuentas. Las federaciones necesitan recursos, pero también libertad para votar sin gratitudes ni presiones.
Reflexión final
Infantino puede presentarse a la reelección y la FIFA puede distribuir más dinero. Lo que no debería aceptarse es que ambas cosas parezcan formar parte de la misma operación. Cuando 211 miembros reciben promesas mientras un presidente busca continuar, cada cheque necesita una auditoría y cada voto, una lupa. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
