Las Eliminatorias al Mundial 2030 podrían convertirse en una competencia todavía más despiadada para el fútbol peruano. Según informó ESPN Argentina, las diez selecciones sudamericanas volverían a enfrentarse bajo el sistema de todos contra todos, pero únicamente quedarían tres cupos directos y uno para el repechaje. Argentina, Uruguay y Paraguay tendrían asegurada su clasificación por albergar los encuentros conmemorativos del centenario. Para Perú, que lleva años acumulando fracasos deportivos y aplazando reformas, la noticia no es una advertencia: es una alarma.
El periodista Esteban Edul explicó en ESPN que las tres selecciones clasificadas participarían, sumarían puntos y ocuparían posiciones en la tabla, aunque no disputarían los boletos restantes. En consecuencia, las Eliminatorias 2030 ofrecerían apenas 3,5 cupos para las otras siete selecciones sudamericanas.
El formato exige claridad. Tres equipos competirían sin asumir el mismo riesgo que los demás. Sus prioridades, convocatorias, alineaciones y resultados podrían influir en una clasificación que para ellos no representa vida o muerte deportiva. La Conmebol deberá establecer reglas transparentes para impedir que la eliminatoria se transforme en una carrera donde algunos luchan por llegar al Mundial mientras otros simplemente completan el calendario.
Brasil, Colombia, Ecuador y Venezuela partirían con estructuras más sólidas, futbolistas en campeonatos competitivos y procesos mejor encaminados. Perú, Chile y Bolivia aparecen entre los rezagados, cargando eliminaciones, improvisación, proyectos inconclusos y fracasos. En el fútbol actual, la historia ya no juega: compiten la planificación, la formación y la calidad.
La FPF pretende mirar hacia 2030 sin rendir cuentas por el fracaso de 2026. Cambian los entrenadores, aparecen nuevos discursos y se programan amistosos, pero la estructura permanece intacta. Las divisiones menores no producen suficientes jugadores competitivos, la Liga 1 concede demasiado espacio a extranjeros y el talento regional continúa abandonado, sin un verdadero sistema nacional de captación y desarrollo.
Buscar futbolistas con ascendencia peruana en el exterior puede ampliar el universo de selección, pero jamás sustituirá la obligación de formar jugadores dentro del país. Importar soluciones mientras se descuida la cantera equivale a comprar frutos después de negarse a sembrar.
La realidad es incómoda: si Perú conserva una base envejecida, un campeonato de escasa exigencia y una conducción sin visión, llegará a las Eliminatorias como relleno competitivo. No será víctima de los 3,5 cupos, sino de su propia incapacidad para prepararse.
La FPF debe presentar una hoja de ruta pública: formación infantil, captación nacional, infraestructura, capacitación de entrenadores, límites razonables para extranjeros e indicadores verificables. Sin una transformación estructural, hablar de clasificación será vender otra ilusión.
Reflexión final
Los 3,5 cupos no constituyen una injusticia contra Perú. La verdadera injusticia es pedirle al hincha que vuelva a creer en una dirigencia que no sembró futuro. Mientras otros países construyen selecciones y nosotros coleccionamos excusas, el Mundial deja de ser una meta y se convierte en una pantalla lejana donde veremos competir a quienes sí hicieron la tarea. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
