Bajo las aguas del Pacífico oriental permanecía sin registrar una formación de 2.681 metros de altura, equivalente a más de tres veces el Burj Khalifa. El monte submarino fue identificado en aguas internacionales frente a Chile durante una expedición que también localizó tres elevaciones frente al Perú. Más allá de la comparación arquitectónica, el hallazgo confirma cuánto falta por conocer del fondo oceánico y plantea la necesidad de fortalecer su investigación y conservación.
La expedición del buque científico Falkor (too), realizada en enero de 2024 durante una travesía entre Costa Rica y Valparaíso, detectó cuatro formaciones independientes. La mayor ocupa unos 450 kilómetros cuadrados y su cima permanece a 1.150 metros bajo la superficie. Las otras tres, situadas frente al Perú, alcanzan alturas de 1.591, 1.644 y 1.873 metros.
El descubrimiento fue posible mediante un proceso que combinó altimetría satelital, análisis de anomalías gravitatorias y mediciones con sonar multihaz. Los satélites identificaron pequeñas alteraciones sobre la superficie marina y permitieron orientar la exploración hacia relieves que no aparecían en las bases batimétricas consultadas. Esta tecnología demuestra que observar el océano exige integrar datos remotos con investigación directa.
Los montes submarinos suelen ser restos de antiguos volcanes y constituyen hábitats para corales, esponjas, anémonas y otras especies. También modifican las corrientes y pueden favorecer el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes, convirtiéndose en espacios relevantes para la biodiversidad. Sin embargo, solo una fracción mínima de estas estructuras ha sido explorada directamente.
Por ello, completar la cartografía oceánica no es una tarea meramente descriptiva. Conocer la ubicación, extensión y características de estos ecosistemas permite fundamentar políticas de conservación, evaluar actividades económicas y anticipar posibles impactos ambientales. La información obtenida contribuye, además, al proyecto internacional Seabed 2030, orientado a elaborar un mapa integral del fondo marino.
El hallazgo frente a Perú y Chile amplía el conocimiento geográfico del Pacífico sur y evidencia el valor de la cooperación científica. Cada nueva medición reduce una zona de desconocimiento y mejora la capacidad de adoptar decisiones informadas sobre espacios marinos todavía poco estudiados.
Reflexión final
La magnitud del monte sorprende, pero el dato más relevante es que permaneciera fuera de los mapas. Conocer el océano debe preceder a cualquier decisión sobre su aprovechamiento: aquello que no se estudia difícilmente puede gestionarse y protegerse con responsabilidad. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
