Gobernar también consiste en saber a quién escuchar y, sobre todo, cuándo dejar de hacerlo. La Encuesta del Poder 2026 ha colocado a Luis Galarreta, Fernando Rospigliosi y José Chlimper como las tres personas de las que Keiko Fujimori debería tomar distancia al momento de recibir consejos. No es una sentencia judicial ni una consulta nacional, pero sí una incómoda radiografía de su entorno político.
La presidenta prometió orden. Sin embargo, algunos de sus consejeros parecen aportar más ruido que orientación.
Galarreta encabeza la lista con 26% de menciones. No se trata de un personaje periférico, sino del jefe del Gabinete, es decir, de quien debería coordinar al Ejecutivo y traducir las prioridades presidenciales en políticas públicas. Que lidere este ranking revela una percepción preocupante: el principal conductor del Gobierno estaría siendo visto como parte del problema que debería resolver.
Rospigliosi ocupa el segundo lugar con 18%. Su influencia desde el Senado y la Comisión de Inteligencia lo mantiene cerca de decisiones sensibles relacionadas con seguridad, información y poder estatal. Chlimper, integrante de la Secretaría Estratégica Presidencial, aparece tercero con 12%. Tres figuras con acceso privilegiado al oído presidencial y una misma advertencia: el círculo más cercano podría estar encerrando a Keiko Fujimori dentro de sus propias certezas.
La lista continúa con Damián Valenzuela y Miguel Torres, ambos con 9%; Martha Chávez, con 8%; Carlos Espá, con 7%; y Carlos Díaz-Rosillo, Rafael López Aliaga y Cecilia Chacón, con 6%. Más que una relación de nombres, el resultado expone una interrogante sobre la calidad, pluralidad y renovación del consejo político que rodea a la mandataria.
Conviene precisar que la encuesta fue realizada por Ipsos Perú entre 183 integrantes de un panel de líderes de opinión: autoridades, políticos, periodistas, académicos, empresarios y representantes sociales. No expresa automáticamente la voluntad del país, pero tampoco puede descartarse como simple antipatía. Son actores que observan cómo se construye y ejerce el poder.
El problema no es que una presidenta tenga asesores cercanos. Todo gobierno los necesita. El riesgo aparece cuando la confianza se convierte en dependencia, la lealtad reemplaza a la competencia y la discrepancia es tratada como desobediencia.
Reflexión final
Keiko Fujimori puede cambiar ministros, crear secretarías y reorganizar despachos; nada servirá si continúa escuchando únicamente a quienes confirman lo que ya piensa. El poder aislado pierde perspectiva antes de perder respaldo. La encuesta no le exige cerrar los oídos, sino abrirlos al país. Porque gobernar rodeada de incondicionales puede resultar cómodo; corregir después sus consejos suele costarle caro a toda la ciudadanía. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
