La peor crisis del fútbol peruano: dos triunfos en 17 partidos

Dos victorias, cinco empates y diez derrotas en 17 encuentros no son una mala racha ni una casualidad estadística: son el acta de defunción competitiva de un modelo agotado. Perú ganó apenas el 11,8 % de sus últimos partidos. La matemática confirma lo que la dirigencia intenta disimular con amistosos, discursos y supuestos procesos: el fútbol peruano atraviesa un colapso estructural y no tiene hoy una generación preparada para competir al máximo nivel.

La derrota 2-0 ante Colombia cerró una gira norteamericana desastrosa: goleada 4-1 frente a Estados Unidos, empate 1-1 con México y derrotas 2-0 ante Canadá y Colombia. En cuatro presentaciones, Perú recibió nueve goles, marcó solamente dos y no consiguió una sola victoria.

Samuel Velásquez y Daniel Arcila anotaron para Colombia. Miguel Araujo ingresó a los 63 minutos y fue expulsado dos minutos después, cuando el equipo ya perdía y ofrecía escasa capacidad ofensiva.

Las únicas victorias dentro de esta secuencia de 17 partidos fueron contra Bolivia y Haití. Ante rivales de mayor exigencia, la selección casi siempre retrocedió, resistió y terminó cediendo. Perú ya no impone condiciones: administra daños. No construye juego, genera pocas ocasiones y depende de que el adversario falle para mantenerse con vida.

La explicación es tan sencilla como dolorosa: no se sembró. Durante años no existió una política nacional seria de formación, captación territorial, infraestructura, tecnología, nutrición, psicología deportiva ni capacitación permanente de entrenadores. Ahora se pretende cosechar futbolistas de alta competición en un terreno institucional abandonado.

La base actual continúa sostenida por numerosos jugadores veteranos que integraron el proceso eliminatorio rumbo al Mundial 2026, no consiguieron clasificar y fracasaron. Su experiencia merece respeto, pero el calendario es implacable: varios llegarán al siguiente proceso con menor velocidad, continuidad y capacidad de recuperación. Convertirlos nuevamente en la columna vertebral del proyecto 2030 no es planificación; es prolongar un ciclo vencido porque no existen reemplazos consolidados.

Tampoco basta con convocar futbolistas jóvenes de la Liga 1. Juventud no equivale automáticamente a competitividad. Si llegan con carencias técnicas, físicas y tácticas, el llamado cambio generacional será apenas un cambio de nombres dentro del mismo fracaso.

La FPF necesita refundar el sistema: formación desde la infancia, torneos juveniles exigentes, captación descentralizada, profesionales especializados, clubes responsables e indicadores públicos. Cambiar al entrenador sin cambiar la estructura solo posterga la siguiente derrota.

Reflexión final
La verdad puede incomodar, pero los números ya no permiten mentir: esta selección no tiene futuro competitivo porque el fútbol peruano no lo construyó. Donde no se sembró talento, planificación ni profesionalismo, la única cosecha posible es el fracaso. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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