Perú, puesto 53: el ranking FIFA retrata el colapso del fútbol nacional

Dos victorias en los últimos 17 encuentros. Puesto 53 del ranking FIFA. Penúltimo en Sudamérica. El diagnóstico del fútbol peruano cabe en tres datos que deberían sacudir sus estructuras. Ganar apenas el 11,8 % de esos partidos describe una selección para la cual el triunfo se ha vuelto excepcional. Mientras los resultados exponen el deterioro, al hincha se le sigue ofreciendo paciencia. La pregunta es cuánto tiempo más pretenden cobrarle esperanza sin entregarle progreso.

Perú cayó tres posiciones y quedó con 1450,95 puntos. Venezuela y Chile aparecen por delante; únicamente Bolivia está debajo. Noveno entre diez selecciones sudamericanas. El ranking no concede puntos por campañas publicitarias ni por recordar Rusia 2018. La nostalgia podrá llenar un anuncio, pero no mejora una tabla.

Después del fracaso en las eliminatorias de 2026, confiar la recuperación al mismo núcleo de jugadores, sin acreditar un relevo competitivo, exige explicaciones. Los agradecimientos tienen su lugar; la selección necesita rendimiento presente. Ningún futbolista puede compensar indefinidamente lo que el sistema no consiguió formar.

El fútbol peruano no tiene futuro bajo este modelo: ya se tocó fondo. Es un juicio sobre el rumbo actual, cuyos resultados obligan a revisar las bases. Sin formación sólida ni una liga que eleve la exigencia, prometer recuperación equivale a anunciar una cosecha sin demostrar dónde se sembró.

¿Dónde están los resultados del trabajo de menores? ¿Qué mejoras ofrece la Liga 1 para preparar jugadores capaces de competir internacionalmente? ¿Cuánto se invierte, cómo se supervisa y quién responde cuando las metas fallan? La dirigencia debe contestar con cifras. La palabra “proceso” no puede convertirse en un permiso para fracasar sin rendir cuentas.

Mano Menezes responde por sus decisiones. La Federación y los clubes, por la estructura que abastece a la selección. Cambiar al entrenador puede aliviar la presión sobre un escritorio; no fabrica mediocampistas, defensores ni delanteros.

El colapso competitivo exige reconstrucción con presupuesto, plazos y responsabilidades públicas. Menores, infraestructura y fortalecimiento de la Liga 1 deben convertirse en prioridades medibles. Administrar derrotas y renovar promesas no constituye una política de desarrollo.

Reflexión final
El hincha sigue pagando entradas, comprando camisetas y sosteniendo la ilusión. Quienes conducen el fútbol deben demostrar qué construyen con ese respaldo. Dos triunfos en 17 partidos exigen respuestas. Porque tocar fondo debería obligar a cambiar; permanecer allí mientras se exige confianza convierte la esperanza del público en el recurso más explotado del fútbol peruano. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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