Sarampión en Perú: 2.543 casos, la factura del abandono sanitario

El Perú pasó de cuatro casos de sarampión en todo 2025 a 2.543 contagios confirmados durante 2026. No es un aumento: es el derrumbe de una barrera sanitaria que debía proteger especialmente a la infancia. Una enfermedad altamente contagiosa y prevenible mediante dos dosis de vacuna ha recuperado terreno porque durante años se acumularon niños sin inmunización completa. El virus no regresó por sorpresa; encontró la puerta abierta.

Según la Sala Situacional del CDC-Minsa, Puno registra 120,63 casos por cada 100.000 habitantes, más de 16 veces la incidencia nacional de 7,34. Madre de Dios alcanza 86,91, casi doce veces el promedio. El brote también se extiende por Arequipa, Loreto, Ucayali, Lima, Callao y otras regiones. En septiembre, un adolescente de 16 años murió en Loreto sin haber recibido ninguna dosis: fue el primer fallecimiento reconocido oficialmente por esta causa en 23 años.

Las cifras revelan una falla acumulada. Al comenzar 2026, aproximadamente 291.365 niños de uno a cuatro años carecían de protección suficiente debido a las brechas de vacunación registradas entre 2022 y 2025. Para cortar la transmisión se necesita alrededor del 95% de cobertura con dos dosis. Sin embargo, en 2025 el país alcanzó 90,4% en la primera y apenas 82% en la segunda. A septiembre de 2026, el avance informado era todavía menor: 57% y 48%, respectivamente.

Declarar emergencias sanitarias cuando el brote ya está expandido parece más una admisión tardía que una política preventiva. Las brigadas y campañas son necesarias, pero no corrigen por sí solas años de padrones incompletos, seguimiento deficiente, desinformación y dificultades para llegar a comunidades rurales, indígenas, fronterizas y periferias urbanas.

Una persona infectada puede contagiar hasta a 18 personas sin inmunidad. La OPS ha reiterado que el sarampión es altamente contagioso, pero prevenible con vacunación oportuna. Aquí no basta culpar a los padres: corresponde preguntar por qué el sistema permitió que cientos de miles de niños quedaran rezagados.

El Gobierno debe recuperar coberturas, buscar activamente a los menores pendientes, garantizar vacunas y personal, combatir la desinformación y publicar resultados verificables por distrito. Vacunar no puede depender de una jornada ocasional ni del código postal de cada familia.

Reflexión final
Cuando una enfermedad prevenible vuelve a matar después de 23 años, no solo fracasa una campaña: fracasa la continuidad del Estado. Cada dosis pendiente es una advertencia; cada contagio evitable, una responsabilidad que ninguna conferencia de prensa puede inmunizar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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