UEFA reúne a 55 federaciones en Berlín para enfrentar a Infantino

La UEFA reunió a sus 55 federaciones el jueves 8 de octubre en Berlín para organizar una estrategia contra Gianni Infantino. El presidente de la FIFA enfrenta una fractura de confianza que ninguna ceremonia puede reparar. Cuando decisiones sobre el patrimonio del fútbol provocan semejante resistencia, el problema excede la comunicación: alcanza la forma de ejercer el poder. Infantino administra una institución mundial; no recibió autorización para convertir la consulta en una formalidad prescindible.

FIFA Forward Enterprise expuso esa contradicción. El proyecto pretendía incorporar inversores privados al negocio comercial de las competiciones y terminó retirado tras el rechazo. Francia retiró su respaldo a Infantino y cuestionó la insuficiente consulta. La oportunidad comercial debía demostrar su legitimidad antes de buscar aceptación. El Mundial merece algo más riguroso que descubrir qué se pretende hacer con él cuando la propuesta ya está preparada.

Infantino debe explicar quién diseñó la operación, qué evaluaciones la sustentaban y cómo funcionaron los controles. Retirarla no liquida esas preguntas. Si la oposición obliga a frenar una iniciativa, corresponde revisar el procedimiento que permitió impulsarla. Gobernar no consiste en avanzar hasta encontrar resistencia y presentar después el retroceso como capacidad de escuchar.

El Mundial fue construido por generaciones de jugadores, selecciones e hinchas. Su valor comercial nace de esa historia colectiva. El presidente tiene el deber de protegerlo y justificar sus decisiones. Una cifra prometedora no sustituye una autorización; una mayoría favorable tampoco vuelve innecesaria la fiscalización.

La elección está prevista para el 18 de marzo de 2027, en Rabat, y las candidaturas vencen el 18 de noviembre. Europa reúne 55 de las 211 federaciones con voto. Infantino tiene derecho a competir, pero las federaciones no deberían renovar su respaldo sin exigir respuestas sobre la crisis de gobernanza. La reelección debe ser una evaluación, no un trámite de continuidad.

La UEFA debe convertir su oposición en compromisos: auditorías independientes, acuerdos relevantes publicados, prevención de conflictos de intereses y límites efectivos de mandatos. Cambiar al presidente dejando intacta su discrecionalidad sería preparar el mismo problema para otro nombre.

Infantino debe rendir cuentas antes de pedir confianza renovada. El cargo exige controles precisamente porque concentra decisiones importantes. Ningún resultado económico puede utilizarse como sustituto de la transparencia institucional.

Reflexión final
La FIFA puede funcionar sin Infantino. Lo que difícilmente puede conservar es credibilidad si sus responsables evitan explicar decisiones que comprometen a todos. Berlín debe exigir una presidencia sometida a reglas. Porque cuando el dirigente parece más permanente que los controles, la institución empieza a depender de su voluntad en lugar de protegerse de sus errores. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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