El Titicaca se evapora: pierde 53 centímetros y exige acción estatal

El Titicaca perdió 53 centímetros de nivel de agua. Las autoridades ya no pueden alegar que nadie les advirtió. La alerta está sobre la mesa; ahora deben poner allí sus decisiones y presupuestos. El lago no puede servir únicamente para adornar campañas turísticas y discursos patrióticos. Defenderlo exige algo más costoso políticamente: trabajar antes de que la emergencia ofrezca una oportunidad para aparecer ante las cámaras.

Entre el 1 de mayo y el 6 de octubre de 2026, el nivel del Titicaca descendió 53 centímetros. Según el director del Senamhi en Puno, Sixto Flores, la reducción acumulada podría alcanzar los 70 centímetros en noviembre. La falta de lluvias y las altas temperaturas favorecen ese retroceso. El descenso está registrado; los centímetros adicionales son una proyección. Ninguna de esas precisiones disminuye la obligación de prepararse.

También se prevén lluvias hasta un 40% inferiores al promedio entre enero y marzo de 2027. Ese escenario requiere seguimiento, pero ya permite organizar medidas. Esperar a que el agricultor pierda su cosecha para anunciar asistencia convertiría la prevención en una palabra decorativa. El pronóstico sirve para ganar tiempo; desperdiciarlo sería una decisión que las autoridades tendrían que explicar.

El Ejecutivo, el Gobierno Regional de Puno y las municipalidades deben mostrar qué están haciendo, con cuánto dinero y para quiénes. ¿Qué sistemas de abastecimiento necesitan protección? ¿Qué apoyo recibirán agricultores y ganaderos? ¿Quién verifica los avances? Comunicar preocupación resulta sencillo. Demostrar preparación exige resultados que puedan examinarse.

El Niño no puede convertirse en el funcionario imaginario al que se atribuyan todas las responsabilidades. El clima condiciona la disponibilidad de agua; la gestión determina cómo se utilizan los recursos públicos para reducir sus consecuencias. Invocar fenómenos naturales no absuelve posibles omisiones.

La factura tampoco llegará por igual. Una familia rural puede perder ingresos, alimentos y capacidad para sostener su ganado. Pedirle resiliencia sin asistencia sería una forma elegante de decirle que se arregle sola. La desigualdad se agrava cuando quienes menos tienen deben absorber las mayores pérdidas.

Urgen prevención financiada, mantenimiento de infraestructura, vigilancia hídrica y respaldo agropecuario. Cada autoridad debe publicar compromisos, plazos y avances. Si la respuesta termina reducida a reuniones y comunicados, habrá que exigir explicaciones por la distancia entre conocer el peligro y proteger a la población.

Reflexión
El Titicaca ya perdió 53 centímetros. Puno no debería perder también la oportunidad de prepararse. Las autoridades no pueden ordenar que llueva, pero sí tienen la obligación de impedir que su propia demora agrave el daño. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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