Pedir perdón no autoriza a cerrar los archivos. Gianni Infantino reconoció errores de comunicación y consulta sobre su frustrado proyecto comercial, pero sus críticos siguen reclamando documentos y respuestas. El problema no es solamente cómo presentó la iniciativa: es cómo pudo impulsarla sin informar adecuadamente al Consejo de la FIFA. La presidencia administra intereses colectivos. No dispone de ellos como si fueran una atribución personal.
El jueves 15 de octubre, en Zúrich, Infantino se disculpó por la conducción del proyecto FIFA Forward Enterprise. La propuesta contemplaba incorporar inversión privada a una estructura comercial vinculada con competiciones del organismo. El presidente sostuvo que nunca fue un acuerdo cerrado y confirmó su retirada definitiva. No se vendió el Mundial; sí quedó pendiente explicar cómo se preparó aquella operación.
Debbie Hewitt, presidenta de la Federación Inglesa y vicepresidenta de la FIFA, señaló que no recibieron las respuestas ni los documentos solicitados. También relató que les pidieron formular las preguntas por escrito. Su cuestionamiento alcanzó la idoneidad de Infantino para continuar si no ofrece explicaciones.
La escena revela una contradicción: quienes deben supervisar necesitan insistir para acceder a información sobre una iniciativa presidencial. El Consejo no debería funcionar como público al que se comunica lo avanzado. Su función exige intervenir oportunamente y disponer de elementos para evaluar riesgos.
Solicitar preguntas escritas puede ordenar una respuesta. Sin plazos ni documentación, también puede prolongar la incertidumbre. La FIFA debe evitar que el procedimiento termine administrando el desgaste de quienes preguntan. La transparencia no consiste en recibir solicitudes: consiste en responderlas suficientemente.
Infantino debe explicar qué se negoció, quién participó, qué autorizaciones existieron y qué compromisos se consideraron. Una revisión independiente permitiría establecer responsabilidades sin anticipar conclusiones penales. Su necesidad nace precisamente de la insuficiencia de las explicaciones, no de una culpabilidad presumida.
Las federaciones también deben decidir qué respaldan: una gestión sometida a controles o una continuidad protegida por adhesiones.
Las disculpas deben acompañarse de documentos, plazos y evaluación independiente. Retirar el proyecto evita su ejecución; no elimina el deber de examinarlo. La FIFA necesita corregir sus procedimientos y establecer consecuencias cuando se acrediten incumplimientos, incluida la evaluación de quienes condujeron la iniciativa.
Reflexión final
El arrepentimiento no reemplaza la fiscalización. Si Infantino pretende continuar, debe demostrar que acepta límites sobre su poder. El fútbol no necesita una presidencia que pida confianza después de cada controversia. Necesita una institución donde las decisiones relevantes no avancen sin controles y las preguntas reciban respuestas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
