El turismo peruano necesita visitantes, no otra colección de promesas oficiales. Las llegadas internacionales cayeron 2,5% en agosto frente al mismo mes de 2025 y, entre enero y agosto, el país recibió 9.174 turistas menos que un año antes, según la información difundida. Mientras la recuperación sigue pendiente, corresponde preguntar qué resultados respalda la gestión. El patrimonio atrae miradas; gobernar exige convertir ese interés en oportunidades.
Recuperar los 4,4 millones de visitantes extranjeros registrados antes de la pandemia continúa siendo una meta incumplida. Repetirla no demuestra perseverancia si no se explican los obstáculos y las correcciones. Una cifra anunciada desde una tribuna no se convierte automáticamente en reservas, empleos ni ingresos. Las expectativas oficiales no pagan las cuentas de quienes viven del turismo.
El retroceso de agosto se suma a las caídas interanuales de abril, de 5,7%, y junio, de 7,2%. El año todavía no termina, pero los resultados disponibles impiden dar la recuperación por asegurada. Esperar el cierre para descubrir que hacía falta reaccionar sería una manera particularmente costosa de llegar tarde.
La menor llegada desde mercados latinoamericanos exige respuestas específicas. ¿Qué está perdiendo competitividad? ¿El precio, la conectividad, la seguridad o la experiencia ofrecida? Los datos presentados no permiten establecer una causa única. Esa limitación obliga a investigar; no concede permiso para improvisar explicaciones. El Mincetur debe mostrar un diagnóstico por mercados y medidas cuyo efecto pueda comprobarse.
Promover el país es necesario. Confundir promoción con solución sería reducir la política turística a una agencia de publicidad. Ninguna fotografía espectacular corrige una dificultad de acceso; ningún eslogan garantiza un servicio confiable. Machu Picchu no puede asumir las funciones que corresponden a las autoridades.
También corresponde revisar cómo se mide el éxito institucional. ¿Por actividades realizadas y campañas lanzadas, o por resultados verificables? Un balance puede estar lleno de eventos y seguir vacío de respuestas. Si una estrategia no consigue sus objetivos, debe corregirse y explicarse. Cambiar el discurso sin revisar las decisiones solo prolonga el problema.
El Gobierno debe transparentar el gasto promocional, evaluar estrategias y coordinar soluciones con regiones y empresas. Hoteles, guías, transportistas y artesanos necesitan condiciones para trabajar. La responsabilidad pública exige plazos, indicadores y rendición de cuentas. La caída no se revierte felicitándose por el esfuerzo.
Reflexión final
El Perú posee atractivos extraordinarios; eso no le otorga visitantes por derecho adquirido. Cada turista decide dónde gastar su tiempo y su dinero. Las autoridades deberían recordar que la riqueza del destino no justifica la pobreza de las respuestas. El patrimonio ya hace su parte. Falta demostrar qué hace la gestión. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
