Selección peruana: ¿Renovar para 2030 o maquillar fracasos?

La selección peruana necesita prepararse para competir en 2030. Pero elegir amistosos que faciliten victorias puede servir para otro propósito: aliviar las críticas sin corregir las debilidades. La FPF debe demostrar que está organizando una preparación deportiva, no una sucesión de resultados convenientes para presentar como recuperación.

Los encuentros ante Bolivia y Honduras, previstos para noviembre, requieren una explicación que trascienda fechas y contratos. ¿Qué dificultades permitirán trabajar? ¿Qué jugadores serán evaluados? ¿Cómo encajan en una preparación progresivamente más exigente? El valor del rival debe justificarse por lo que permite aprender.

Enfrentar selecciones de menor exigencia puede ayudar a ensayar movimientos, integrar futbolistas y recuperar confianza. El problema aparece cuando esa opción se convierte en costumbre y reemplaza las pruebas que revelan nuestras limitaciones. Un examen cómodo puede mejorar la nota sin elevar la preparación.

La selección necesita enfrentar presión, velocidad y adversarios capaces de castigar errores. Allí se comprueba si una propuesta funciona y qué debe corregirse. Evitar sistemáticamente esas dificultades produciría un diagnóstico complaciente: celebraríamos lo que sale bien sin medir cuánto falta para competir.

Por eso, la federación debe explicar sus criterios para seleccionar rivales y su capacidad para conseguirlos. Negociar partidos competitivos requiere anticipación, relaciones y gestión. Si existen restricciones económicas o de calendario, corresponde transparentarlas y presentar alternativas. La dificultad no sustituye la planificación.

Después de terminar penúltimo en las eliminatorias para 2026, Perú necesita evidencias de cambio. Una victoria amistosa no acredita una reforma. El progreso debería apreciarse en funcionamiento colectivo, nuevas alternativas y capacidad para responder ante distintos niveles de exigencia.

El recambio también debe someterse a pruebas reales. Convocar jóvenes sin darles continuidad aporta poco; mantener experimentados únicamente por trayectoria tampoco construye futuro. Menezes debe evaluar rendimiento y proyección, mientras clubes y federación fortalecen la formación que sostiene esas decisiones.

Los compromisos con patrocinadores y televisión son legítimos. Precisamente por eso, conviene proteger la credibilidad del producto deportivo. Confundir entusiasmo pasajero con recuperación puede deteriorar la confianza del hincha y perjudicar relaciones comerciales que necesitan sostenibilidad.

La FPF debe mostrar objetivos, responsables y evaluaciones, con plazos y recursos. Preparar una selección exige aceptar resultados incómodos cuando permiten aprender y corregir.

¿Estamos construyendo un equipo para competir en 2030 o eligiendo amistosos fáciles para maquillar los fracasos?

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