El modelo atleta-socio transforma el negocio del patrocinio mundial

El patrocinio deportivo amplía sus posibilidades. A los contratos por imagen se suman acuerdos que permiten a los atletas participar en el desarrollo de productos, construir marcas y acceder al capital empresarial. El modelo “atleta-socio” representa una evolución positiva: reconoce que un deportista puede aportar experiencia, credibilidad y conocimiento del consumidor, además de protagonizar campañas publicitarias.

Kylian Mbappé ofrece uno de los ejemplos más recientes. En septiembre de 2026, dejó Nike y se vinculó con On mediante un acuerdo que combina remuneración y participación accionarial. Los términos económicos no fueron divulgados. Su incorporación acompaña la entrada de la compañía suiza al fútbol, con sus primeras botas previstas para 2027. El delantero participará también en el desarrollo de productos.

La lógica resulta atractiva para ambas partes. La empresa incorpora la experiencia de quien utiliza el equipamiento bajo máxima exigencia; el futbolista puede beneficiarse del valor que contribuye a crear. La relación adquiere así un horizonte que supera la duración de una campaña y favorece una colaboración más profunda.

Roger Federer anticipó ese camino al invertir en On en 2019. Su participación accionarial, estimada periodísticamente alrededor del 3 %, ilustra cómo una figura deportiva puede vincular su trayectoria con un proyecto empresarial. Conviene precisar que los términos de aquella inversión no fueron publicados oficialmente: las cifras difundidas son estimaciones, no condiciones contractuales confirmadas.

Stephen Curry muestra otra modalidad. En junio de 2026, Li-Ning anunció una alianza de largo plazo con el jugador y Curry Brand, orientada al desarrollo de productos, iniciativas culturales y conexión con nuevas generaciones. Aquí, el elemento central es construir una marca conjuntamente; el anuncio no permite afirmar que Curry haya adquirido acciones de Li-Ning.

Esta distinción importa. Ser accionista, recibir regalías y desarrollar una marca propia son mecanismos diferentes. Todos pueden ampliar la participación económica del atleta, pero implican derechos y responsabilidades distintos. La oportunidad consiste en elegir una estructura coherente con su aporte, sus objetivos y el proyecto compartido.

El modelo atleta-socio enriquece el patrocinio cuando convierte la notoriedad en colaboración efectiva. Para las empresas, abre posibilidades de innovación y vínculos más auténticos con sus públicos. Para los deportistas, permite desarrollar capacidades empresariales y construir una actividad que pueda continuar después del retiro competitivo.

Reflexión final
El cambio más valioso consiste en reconocer al atleta como creador de valor. Su experiencia puede mejorar un producto; su historia, acercarlo a una comunidad. Cuando esa contribución encuentra una participación justa, el éxito comercial deja de depender únicamente de aparecer en una publicidad y empieza a construirse en equipo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados