Elecciones regionales: 13 mil cargos y la misma desconfianza

El Perú volverá a las urnas el domingo 4 de octubre de 2026 para elegir a 13,148 autoridades regionales y municipales. La cifra impresiona: gobernadores, vicegobernadores, consejeros regionales, alcaldes provinciales, alcaldes distritales y miles de regidores. La ONPE ha informado, además, que instalará más de 10,000 locales de votación para atender a más de 26 millones de electores. Sobre el papel, parece una gran fiesta democrática. En la realidad, puede convertirse en otro examen severo para un país que vota mucho, pero confía cada vez menos.

Las Elecciones Regionales y Municipales 2026 no serán un trámite administrativo. Será una disputa gigantesca por el poder territorial. En cada región, provincia y distrito se decidirá quién manejará presupuestos, obras públicas, servicios locales, seguridad ciudadana, transporte, limpieza, licencias, fiscalización y desarrollo urbano. Es decir, se elegirá a quienes estarán más cerca de la vida diaria de millones de peruanos. Y justamente por eso el proceso no debería mirarse con indiferencia.

El problema es que la democracia local llega cargada de viejos fantasmas. Campañas financiadas con dinero poco transparente, candidatos reciclados, promesas imposibles, partidos convertidos en vientres de alquiler y movimientos regionales que aparecen solo cuando huelen poder. En muchas zonas, la política local dejó de ser servicio público para convertirse en una ruta rápida hacia contratos, favores y control territorial. No siempre gana quien tiene mejor plan; muchas veces avanza quien tiene más maquinaria, más padrinos o más capacidad para comprar silencio.

Elegir 13,148 autoridades suena a representación amplia. Pero también significa abrir 13,148 puertas a la responsabilidad o al desgobierno. Un alcalde improvisado puede destruir una ciudad. Un gobernador sin visión puede perder cuatro años. Un concejo débil puede mirar hacia otro lado mientras se reparten favores. Y un elector desinformado puede terminar entregando poder a quienes luego dirán que “no sabían” o “recién están aprendiendo”.

La organización electoral será enorme. Más de 10,000 locales de votación, cientos de miles de miembros de mesa sorteados y millones de ciudadanos convocados. Pero la logística no basta. La democracia no se mide solo por cuántas mesas se instalan, sino por la calidad de quienes llegan al poder y por la vigilancia ciudadana después del voto.

Las ERM 2026 serán una prueba decisiva para el Perú profundo, el Perú urbano, el Perú olvidado y el Perú capturado por la informalidad, la inseguridad y la desconfianza. No se trata solo de elegir autoridades; se trata de decidir si el poder local seguirá siendo refugio de improvisación o herramienta real de desarrollo.

Reflexión final
El voto dura unos minutos, pero sus consecuencias duran cuatro años. Por eso, esta vez no basta con marcar un símbolo y salir del local. Hay que mirar hojas de vida, revisar antecedentes, exigir propuestas y desconfiar de los salvadores de temporada. Porque cuando la ciudadanía vota sin memoria, el poder local se llena de oportunistas con licencia democrática. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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