FIFA 2022-2026: más partidos, más millones y menos fútbol

La FIFA no “ganó” 7.570 millones de dólares únicamente por el Mundial de Qatar 2022. Esa cifra corresponde a todos los ingresos obtenidos durante el ciclo financiero 2019-2022, cuyo principal motor fue la Copa del Mundo. Para el periodo 2023-2026, el organismo proyectó inicialmente 11.000 millones, pero después elevó su presupuesto hasta los 13.000 millones de dólares y, al cierre de 2025, aseguraba estar encaminado a superar esa meta.

El crecimiento parece extraordinario. La pregunta incómoda es cuánto de ese éxito financiero termina fortaleciendo al fútbol y cuánto sirve para alimentar una maquinaria que necesita más torneos, más partidos y más espacios comerciales.

En el ciclo de Qatar, la FIFA registró exactamente 7.568 millones de dólares. Sus principales fuentes fueron los derechos de televisión, el marketing, las licencias, la venta de entradas y la hospitalidad. La propia organización reconoce que opera mediante ciclos de cuatro años y que el Mundial constituye su fuente central de ingresos.

Para 2026, el salto económico no es producto de la casualidad. El torneo pasó de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos. Son cuarenta encuentros adicionales para vender transmisiones, publicidad, patrocinios, entradas, paquetes de hospitalidad y contenidos digitales. La FIFA presenta la expansión como una apertura hacia más naciones; comercialmente, también representa cuarenta nuevas vitrinas para facturar.

El presupuesto revisado del ciclo 2023-2026 contempla ingresos cercanos a 13.000 millones de dólares, un aumento aproximado del 72% respecto del periodo anterior. Parte de ese crecimiento incorpora también unos 2.000 millones vinculados al nuevo Mundial de Clubes. Por eso sería impreciso atribuir todo el dinero exclusivamente al Mundial de selecciones.

La FIFA sostiene que reinvierte sus recursos en el desarrollo del fútbol. Ha destinado fondos mediante el programa Forward y aprobó una contribución récord de 727 millones de dólares relacionada con el Mundial 2026. Sin embargo, la rendición de cuentas no debería limitarse a anunciar cifras globales. Corresponde explicar cuánto recibe realmente cada federación, qué resultados obtiene y quién fiscaliza el uso del dinero.

Generar más ingresos no constituye una falta. Convertir cada reforma deportiva en una oportunidad comercial, sin medir sus efectos sobre jugadores y aficionados, sí merece cuestionamiento.

Reflexión final
La FIFA es más rica que nunca, pero el fútbol no necesariamente es más justo ni accesible. Cuando ampliar un Mundial significa acumular mercados, votos e ingresos, la sospecha resulta inevitable: quizá ya no se organizan más partidos para desarrollar el juego, sino que se desarrolla el negocio obligando al balón a jugar cada vez más. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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