El Gobierno prorrogó por 90 días calendario la emergencia sanitaria por el brote de sarampión, debido a la persistencia de contagios y al riesgo de expansión en Lima Metropolitana, Callao y 11 regiones del país. La decisión, vigente desde el 15 de agosto, alcanza a Arequipa, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Amazonas, Loreto, Tacna, Tumbes, Ucayali, Madre de Dios y Apurímac.
La medida era necesaria. Lo preocupante es que el país haya llegado al punto de necesitar una prórroga porque el virus continúa avanzando. Cuando una emergencia sanitaria se amplía, no basta con decir que el Estado sigue trabajando: también corresponde preguntar por qué las acciones anteriores no fueron suficientes.
Hasta la semana epidemiológica 30 de 2026, el sarampión había sido detectado en 40 provincias y 118 distritos. Puno concentra 32,5% de los casos con transmisión activa, mientras que el 83,9% de los distritos afectados se agrupa en cuatro jurisdicciones: Puno, con 52 distritos; Arequipa, con 21; Cusco, con 14; y Lima Metropolitana, con 12.
Más inquietante aún: en 45 de los 118 distritos afectados la transmisión se mantiene durante más de cuatro semanas consecutivas, y 10 distritos, principalmente de Puno, presentan focos epidémicos activos por más de 12 semanas.
Eso ya no puede explicarse como un episodio aislado. Es una señal de que la respuesta sanitaria necesita mayor velocidad, cobertura y capacidad operativa.
El Minsa mantiene una campaña gratuita de vacunación con la vacuna SPR en más de 8.000 centros de salud y puntos móviles. Esa cobertura debe reforzarse, pero también acompañarse de búsqueda activa de casos, seguimiento epidemiológico, información clara a las familias y acciones focalizadas en las zonas donde la transmisión persiste.
La emergencia también permitirá continuar adquisiciones y contrataciones necesarias. Allí el control debe ser estricto. Las emergencias sanitarias no pueden convertirse en espacios donde la urgencia termine debilitando la transparencia o la rendición de cuentas.
Prorrogar la emergencia por 90 días puede contener el problema, pero no resolverlo por sí sola. El Gobierno debe demostrar resultados medibles: más vacunación, menos transmisión sostenida y reducción efectiva de los focos activos.
Reflexión final
El sarampión es una enfermedad prevenible. Por eso, cada brote prolongado revela algo más que la presencia de un virus: revela brechas en prevención, cobertura y capacidad estatal. Si después de 90 días adicionales el país sigue contando distritos con transmisión sostenida, la emergencia habrá sido administrada, pero no controlada. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
