El Perú tiene una ventaja que muchos países pagarían por tener: costa, sierra, selva, patrimonio arqueológico, biodiversidad, gastronomía, culturas vivas y paisajes capaces de competir con cualquier destino del planeta. Machu Picchu es apenas la punta de una riqueza mucho mayor.
Y, sin embargo, el resultado es brutalmente modesto: Perú ocupa el séptimo lugar en Latinoamérica y el Caribe, con 4,1 millones de turistas, según el ranking con datos al 2025. Fuente: Organización Mundial del Turismo, Barómetro Mundial de Turismo de la ONU.
México recibe 45 millones; República Dominicana, 11,6 millones; Brasil, 9,3 millones; Colombia, 6,5 millones; Chile, 5,4 millones; Argentina, 5,3 millones. Recién después aparecemos nosotros.
El problema no es falta de atractivos. Es falta de Estado. Durante años hemos confundido promoción turística con política turística. Se lanzan campañas, se imprimen folletos, se participa en ferias y se celebran premios internacionales. Todo eso puede ayudar, pero no sustituye una estrategia. Un folleto no arregla una carretera. Un video promocional no mejora un aeropuerto. Un eslogan no reduce la inseguridad. Una feria no crea conectividad aérea.
PromPerú y las entidades del sector deberían ser evaluadas por resultados: cuántos turistas nuevos llegan, cuánto gastan, cuánto tiempo permanecen, cuántas regiones se benefician y cuántos empleos formales se generan.
Pero el Perú sigue dependiendo demasiado de Machu Picchu, como si el resto del país fuera un apéndice turístico. Kuélap, Choquequirao, Caral, Chan Chan, Paracas, el Colca, la Amazonía, Ayacucho, Cajamarca, Puno, Tacna y decenas de corredores culturales y naturales podrían multiplicar el flujo turístico si existiera infraestructura, seguridad y una verdadera articulación nacional.
También falta profesionalización. El turismo no puede reinventarse con cada ministro ni quedar sometido a cuotas políticas, improvisados o funcionarios que administran la coyuntura sin visión de futuro. Mientras otros países convierten el turismo en industria estratégica, aquí demasiadas veces lo tratamos como una campaña estacional.
El séptimo puesto debería incomodar, no celebrarse. Perú tiene condiciones para estar mucho más arriba, pero necesita un Plan Nacional de Turismo de largo plazo, con metas, presupuesto, infraestructura, conectividad, seguridad y continuidad política.
Reflexión final
El fracaso no está en recibir 4,1 millones de turistas. Está en tener un país extraordinario y seguir obteniendo resultados ordinarios.
Perú tiene atractivos de potencia mundial, pero una gestión turística que todavía piensa en pequeño. Y mientras sigamos creyendo que repartir folletos es estrategia, seguiremos vendiendo maravillas con mentalidad de ventanilla. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
