Postular puede costar la vida. Una democracia no se reduce a instalar mesas, imprimir cédulas y contar votos. Requiere que cualquier ciudadano pueda postular, expresar sus ideas y recorrer las calles sin que una organización criminal decida silenciarlo mediante las armas. Cuando una candidata es asesinada durante una actividad proselitista, el ataque no termina en la víctima: alcanza directamente al sistema electoral.
Susy Aponte Polo, periodista y candidata al Gobierno Regional de Áncash, fue asesinada el 19 de septiembre en Caraz, a solo quince días de las elecciones. Había denunciado públicamente amenazas contra su vida. Pese a ello, la investigación decisiva comenzó después de su muerte. El Estado volvió a llegar cuando ya solo podía recoger evidencias.
Aponte desarrollaba una actividad de campaña cuando fue atacada a balazos. Días antes había difundido mensajes en los que advertía que estaba siendo hostigada y que existía un supuesto plan para asesinarla. Las autoridades deberán establecer quién ejecutó el crimen, quién lo ordenó, cuál fue la motivación y qué respuesta recibieron sus denuncias previas.
La captura de un presunto autor material no puede presentarse como el cierre del caso. En un asesinato con posibles implicancias políticas, detener a quien habría disparado representa apenas el primer eslabón. La democracia necesita conocer toda la cadena criminal.
El caso recuerda el asesinato del periodista y candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, ocurrido en agosto de 2023, pocos días antes de las elecciones y después de haber denunciado amenazas. La comparación advierte sobre un riesgo regional: que el crimen organizado convierta el asesinato político en un método para retirar candidatos, silenciar investigaciones y modificar procesos electorales.
La consecuencia más peligrosa no es únicamente la pérdida de una vida. También es el mensaje enviado a cualquier ciudadano que piense ingresar a la política: Denunciar intereses criminales o disputar determinados territorios puede costarle la vida.
Si esa advertencia queda sin respuesta, la violencia se convierte en un mecanismo perverso de selección. Sobreviven quienes cuentan con protección suficiente, quienes evitan enfrentar a las mafias o quienes aceptan convivir con ellas. Las urnas permanecen abiertas, pero la competencia ya fue manipulada por las balas.
El Gobierno prometió orden. Sin embargo, después de 55 días de estados de emergencia y despliegues militares, no existen resultados verificables que garanticen seguridad electoral. La militarización puede multiplicar uniformes en las calles, pero no reemplaza la inteligencia, la prevención, la protección de personas amenazadas ni la investigación financiera del crimen.
La paradoja resulta cruel: el Estado protege locales electorales y material de votación, pero no siempre consigue proteger a quienes dan sentido a la elección.
La Caja Negra exige un sistema nacional de protección para candidatos amenazados, con evaluación inmediata del riesgo, seguridad personal, reserva de información y coordinación entre Policía, Fiscalía, Jurado Nacional de Elecciones y Oficina Nacional de Procesos Electorales.
También debe investigarse si las alertas de Susy Aponte fueron atendidas correctamente y establecer responsabilidades por cualquier posible omisión. Las acusaciones que formuló antes de morir deben examinarse con independencia, sin convertirlas anticipadamente en hechos probados, pero tampoco archivarlas por conveniencia institucional.
Reflexión final
El asesinato de una candidata no es un episodio policial más. Es una advertencia de que el crimen pretende decidir quién puede hablar, quién puede competir y quién puede llegar al poder.
Una elección celebrada bajo amenaza puede ser formalmente válida, pero políticamente estará herida. Si el Estado no garantiza que los candidatos lleguen vivos a las urnas, los ciudadanos no elegirán en plena libertad: votarán dentro del territorio que las mafias les permitan. Y una democracia administrada bajo el permiso del crimen deja, sencillamente, de ser democracia. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
