Brasil, cinco veces campeón del mundo y exportador histórico de talento, ha decidido proteger su cantera antes de que el negocio inmediato termine devorando su futuro. Desde 2027 reducirá gradualmente el límite de extranjeros convocados por partido hasta llegar a cinco en 2030. En la Liga 1 peruana, donde la calidad escasea, la organización tropieza y la selección carece de recambio, se tomó el camino inverso: permitir hasta siete extranjeros simultáneamente en el campo. El fútbol brasileño corrige sus excesos; el peruano los reglamenta.
La reforma de la CBF no nace de un arrebato nacionalista. Surge de un diagnóstico. Los jóvenes brasileños pierden minutos, la edad media del campeonato aumentó y el crecimiento de futbolistas extranjeros comenzó a reducir espacios de desarrollo. Por eso, además de disminuir progresivamente los cupos, Brasil dividirá sus plantillas para garantizar mayor presencia de jugadores sub-23.
Brasil entiende una verdad elemental que en el Perú parece escrita en idioma extranjero: la cantera no es una carga presupuestal, sino patrimonio deportivo y económico. Entre 2016 y 2025, los futbolistas brasileños de hasta 20 años produjeron más de la mitad de los ingresos obtenidos por transferencias internacionales.
Aquí, en cambio, la Liga 1 autorizó que siete extranjeros puedan coincidir sobre el césped. La medida se presenta como apertura competitiva, aunque el torneo continúa sin elevar sustancialmente su jerarquía internacional. ¿Dónde están entonces el salto de calidad, las campañas continentales memorables y el crecimiento de la selección?
El problema no es el extranjero. El problema es el fichaje sin estrategia: jugadores elegidos por videos, intermediarios o urgencias, contratos sin proyección y plantillas armadas para sobrevivir al domingo. Si llegan futbolistas de verdadera jerarquía, bienvenidos. Pero importar cantidad para disimular la incapacidad de formar talento peruano no moderniza una liga; simplemente maquilla su fracaso estructural.
Mientras tanto, muchos juveniles reciben discursos, fotografías y promesas. Entrenan, esperan y finalmente descubren que el llamado “proyecto de menores” termina exactamente donde comienza la necesidad desesperada de ganar tres puntos.
La Federación Peruana de Fútbol debe reducir progresivamente los cupos, exigir estándares mínimos de calidad para las contrataciones y obligar a los clubes a presentar planes formativos auditables, con infraestructura, especialistas y metas de promoción.
Reflexión final
Brasil protege aquello que le produce identidad, títulos y millones. El Perú abandona su cantera y luego se sorprende cuando la selección envejece sin reemplazos. Seguimos llenando la Liga 1 de camisetas mientras vaciamos el futuro de futbolistas. Esa no es una política deportiva: es improvisación con reglamento. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
