Javier Milei convirtió su intervención ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en una acusación directa contra el funcionamiento del organismo. El presidente argentino afirmó que la ONU se transformó en una “organización inútil” que únicamente sirve para alimentar a una “casta de parásitos”. La contundencia de sus palabras reabre una discusión necesaria: ¿el sistema multilateral todavía cumple con la misión para la cual fue creado?
La crítica de Milei se apoya en la incapacidad de Naciones Unidas para ofrecer respuestas eficaces frente a guerras, disputas territoriales y crisis internacionales. Según el mandatario, el organismo se ha alejado de su propósito original y ha desarrollado una burocracia que consume recursos sin producir resultados proporcionales. La Presidencia argentina difundió oficialmente estas declaraciones, incluyendo su cuestionamiento a los funcionarios internacionales a quienes considera distantes de las consecuencias de sus decisiones.
El diagnóstico contiene elementos que merecen atención. La ONU enfrenta dificultades para prevenir conflictos, ejecutar sus resoluciones y actuar cuando los intereses de las principales potencias se contraponen. El derecho de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad limita con frecuencia su capacidad de respuesta. A ello se suman procedimientos extensos, estructuras administrativas complejas y cuestionamientos sobre el uso eficiente de sus recursos.
Sin embargo, afirmar que la organización es completamente inútil supone ignorar funciones relevantes. Naciones Unidas coordina ayuda humanitaria, programas alimentarios, atención a refugiados, campañas sanitarias, misiones de paz y acciones educativas. Su eficacia no es uniforme y sus resultados pueden ser insuficientes, pero su desaparición dejaría un vacío difícil de reemplazar, especialmente para los países con menor influencia internacional.
Milei vinculó su crítica con el reclamo argentino sobre las islas Malvinas, al considerar que la ONU no impulsó una solución efectiva. También cuestionó su actuación durante la pandemia y defendió una política exterior cercana a Estados Unidos e Israel. De esta manera, su discurso no fue solamente una protesta contra la burocracia, sino una declaración sobre el lugar que Argentina pretende ocupar en el escenario mundial.
Las críticas contra Naciones Unidas son legítimas cuando señalan ineficiencias verificables y reclaman transparencia. No obstante, una reforma profunda requiere propuestas concretas, negociación y respaldo de otros Estados.
Reflexión final
Describir a la ONU como una institución inútil puede generar impacto político, pero no resuelve sus deficiencias. El verdadero desafío consiste en transformar la indignación en reformas capaces de recuperar su autoridad, reducir la burocracia y fortalecer su capacidad para proteger la paz. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
