Lima enfrenta inseguridad, transporte caótico, obras inconclusas y servicios municipales desiguales. Sin embargo, dos de las figuras que encabezan los sondeos han decidido trasladar la campaña al terreno de los ataques personales. Rafael López Aliaga y Carlos Bruce protagonizaron en redes sociales un intercambio que incluyó descalificaciones, insinuaciones sobre consumo de alcohol y la frase: “¿Estás nerviosa, bebita?”. Mucho ruido digital; pocas respuestas para una ciudad desbordada.
López Aliaga calificó a Bruce de “parásito”, cuestionó sus cambios partidarios y lo vinculó con políticos y casos controvertidos. Bruce respondió insinuando que su rival se encontraba en estado etílico y afirmó que el 75% de los electores no lo quiere. Ninguno de estos mensajes explica cómo reducirán los homicidios, ordenarán el transporte o recuperarán los espacios públicos.
Además, presentar como rechazo el porcentaje que no vota por un candidato es una maniobra retórica. El simulacro citado otorga 28,4% de votos válidos a López Aliaga y 18,2% a Bruce. Los votos destinados a otros postulantes no pueden convertirse automáticamente en animadversión contra quien lidera. Las estadísticas orientan; utilizadas sin rigor, se transforman en munición propagandística.
La frase “¿Estás nerviosa, bebita?” merece otra observación. Emplear lo femenino como instrumento de burla reproduce la idea de que ser mujer constituye una debilidad. Esa expresión resulta especialmente impropia en una ciudad donde las mujeres enfrentan violencia, acoso y discriminación. La política no combate el machismo cuando lo recicla para obtener aplausos en redes.
Tampoco puede ignorarse la controversia jurídica sobre la candidatura de López Aliaga, inscrito como primer regidor y no como candidato a alcalde. El JNE permitió la participación de la lista, pero la ciudadanía necesita claridad absoluta sobre quién recibiría la credencial y gobernaría si Renovación Popular gana. Ese debate institucional debería ocupar más espacio que los agravios.
Bruce ha señalado, además, que presentó denuncias por difamación contra su adversario. Corresponderá a la justicia evaluar los hechos. La campaña, entretanto, no puede convertirse en un expediente judicial transmitido por redes sociales.
Lima merece debates públicos sobre seguridad, transporte, limpieza, fiscalización y presupuesto. Los candidatos deben presentar equipos, metas y plazos, no competir por producir la frase más ofensiva o viral.
Reflexión final
Quien aspira a gobernar diez millones de habitantes debe demostrar equilibrio ante la provocación. Si una publicación basta para reemplazar las propuestas por insultos, la pregunta ya no es quién está nervioso, sino quién posee la madurez necesaria para conducir Lima. Fuente: Infobae. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
