Dos victorias en catorce partidos no representan una racha negativa ni una sucesión de accidentes deportivos. Constituyen el certificado estadístico de una selección sin rumbo definido y fracasada. Desde marzo de 2025, Perú disputó catorce encuentros, con tres triunfos, cuatro empates y ocho derrotas; anotó 14 goles y recibió 23. Los números no tienen camiseta, no cobran penales ni participan en conferencias: simplemente revelan aquello que algunos discursos pretenden disimular.
En sus últimos catorce compromisos, la Bicolor únicamente venció a Bolivia y Haití. Esto significa que ganó apenas el 14 % de sus partidos más recientes. La selección perdió más de lo que compitió y recibió casi dos goles por cada uno que convirtió. No estamos ante un problema circunstancial, sino frente a un deterioro sostenido que alcanza al juego, la planificación y la conducción institucional.
El 2025 concluyó con dos victorias, tres empates y cinco derrotas. En 2026, el panorama siguió la misma pendiente: caída ante Senegal, empate frente a Honduras, triunfo sobre Haití y derrotas contra España y Estados Unidos. Cambiaron los rivales, las sedes y los argumentos posteriores; lo que permaneció intacto fue la incapacidad para construir una selección competitiva.
La goleada 4-1 ante Estados Unidos volvió a exponer la distancia entre dos proyectos. Mientras el rival utilizó el amistoso para evaluar jóvenes y ampliar su universo de jugadores, Perú insistió con una base experimentada que ya participó en el último proceso eliminatorio fallido. La experiencia debe orientar la renovación, no bloquearla. Convertir a los veteranos en el soporte central de un proyecto hacia 2030 equivale a planificar el futuro mirando permanentemente por el espejo retrovisor.
Sería injusto colocar toda la responsabilidad sobre Mano Menezes. Un entrenador puede corregir movimientos, ordenar líneas y establecer una idea de juego, pero no puede producir futbolistas donde durante años faltaron formación, competencia juvenil, captación territorial y seguimiento profesional. La FPF contrató un conductor, pero todavía no demuestra que exista una carretera.
Los amistosos ante México, Canadá y Colombia deben dejar de ser meros compromisos comerciales. Cada encuentro necesita objetivos verificables: debutantes, minutos para jóvenes, variantes tácticas y evaluación por posiciones. Jugar únicamente para completar la fecha FIFA convierte a la selección en una vitrina rentable, pero deportivamente vacía.
La FPF debe presentar una hoja de ruta pública hacia 2030, con responsables, plazos, indicadores, renovación generacional y un plan nacional de formación. Sin transparencia ni evaluación, cualquier promesa será otra manera de aplazar las decisiones.
Reflexión final
La Caja Negra no cuestiona nombres ni trayectorias: fiscaliza gestión, visión y resultados. Dos triunfos en catorce partidos no son una casualidad; son la cosecha de años sin siembra. La mayor derrota no aparece en el marcador, sino en la obstinación de seguir improvisando como si todavía quedara tiempo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
