¿Se puede hacer un cambio generacional en la selección?

¿Se puede hacer un cambio generacional en la selección peruana? La respuesta, por incómoda que resulte, es no. Al menos no en las condiciones actuales ni con la profundidad que el fracaso deportivo exige. Perú necesita retirar progresivamente a quienes cumplieron su ciclo, pero no dispone de una generación suficientemente formada para reemplazarlos. La Federación Peruana de Fútbol pretende renovar una cosecha que nunca sembró.

Un cambio generacional no consiste en borrar apellidos de una convocatoria, reducir el promedio de edad y presentar jugadores jóvenes como si fueran productos terminados. Eso es cambiar rostros para conservar las mismas deficiencias. Una renovación verdadera exige futbolistas técnicamente preparados, físicamente competitivos, tácticamente educados, emocionalmente fortalecidos y acostumbrados a jugar en escenarios internacionales. Hoy ese universo es escaso e inexistente.

La selección terminó en el sótano de las eliminatorias al Mundial 2026. Ese resultado no fue un accidente, una mala noche ni responsabilidad exclusiva del entrenador de turno. Fue la fotografía de un fútbol que envejeció sin preparar herederos, que consumió los últimos restos de una generación exitosa y que ahora busca reemplazos entre las sobras de su propia improvisación.

Un cambio generacional sin generación
Buena parte de los jugadores que sostuvieron a la selección durante los últimos años ya cumplió su ciclo. Tienen más edad, han perdido presencia en el fútbol internacional y, en varios casos, regresaron a la Liga 1 o se aproximan al retiro. Algunos todavía pueden aportar experiencia durante una transición ordenada, pero insistir indefinidamente con la misma base sería convertir la gratitud en dependencia y la memoria en política deportiva.

No se puede vivir eternamente del recuerdo de Rusia 2018. Aquella clasificación fue una conquista valiosa, pero también terminó funcionando como una cortina sentimental detrás de la cual la dirigencia ocultó su incapacidad para construir el siguiente proceso. Mientras el hincha celebraba el regreso al Mundial, la FPF debía preguntarse quiénes reemplazarían a los protagonistas cinco o diez años después. Evidentemente, la respuesta nunca estuvo lista.

Ahora se pretende resolver el abandono acumulado convocando a futbolistas jóvenes de la Liga 1, aunque muchos todavía no estén preparados para competir internacionalmente. Pero juventud no es sinónimo de jerarquía. Poner a un jugador de 20 años en lugar de uno de 34 puede rejuvenecer una planilla; no necesariamente mejora una selección.

Ese es el engaño del falso recambio: confundir la partida de los veteranos con la aparición de sus sucesores. Los primeros ya están cerca de despedirse; los segundos todavía no han sido formados en número y calidad suficientes. Entre ambos extremos queda un vacío que ninguna campaña publicitaria puede disimular.

Un entrenador no fabrica futbolistas.
Mano Menezes puede elegir perfiles, ordenar el equipo, ensayar sistemas y corregir movimientos. Puede incorporar progresivamente a jugadores como Fabio Gruber, Oliver Sonne o Erick Noriega y aprovechar mejor las pocas alternativas disponibles. Lo que no puede hacer es crear futbolistas competitivos mediante una lista de convocados.

La FPF podría contratar al mejor entrenador del mundo y el problema de fondo permanecería intacto. Un excelente director técnico mejora los recursos que recibe, pero no reemplaza diez o quince años de formación inexistente. Es como contratar al estratega militar más prestigioso y enviarlo a una operación sin soldados preparados, sin logística y sin equipamiento adecuado. Probablemente organizará mejor la resistencia, pero difícilmente ganará la guerra.

El fútbol peruano continúa depositando sobre el entrenador la responsabilidad de corregir todo aquello que la dirigencia no hizo. Si pierde, se cuestiona la táctica. Si empata, se discute la convocatoria. Si gana un amistoso, reaparece el triunfalismo. Mientras tanto, la formación de menores, la infraestructura, la capacitación y la planificación permanecen fuera del debate principal. Cambia el técnico para que nada cambie en las oficinas.

Los menores no son responsables del abandono.
Las derrotas y goleadas de las selecciones Sub-15 y Sub-17 tampoco deben utilizarse para condenar a los jóvenes. Ellos no son culpables de haber llegado tarde a la competencia internacional. Son el resultado de un sistema que les exige rendimiento de alto nivel después de ofrecerles una preparación insuficiente.

Si un futbolista no fue formado desde la infancia con metodología, nutrición, preparación física, seguimiento médico, acompañamiento psicológico y competencia constante, no puede exigírsele que a los 15 o 17 años iguale a rivales que llevan una década dentro de estructuras profesionales. Sería como enviar a un estudiante a rendir un examen universitario sin haberle garantizado la escuela primaria.

Las goleadas juveniles no comienzan cuando el árbitro toca el silbato. Empiezan años antes, en las canchas que no existen, en las academias sin control, en los entrenadores sin actualización, en los niños que abandonan el deporte y en las regiones donde el talento permanece invisible porque nadie fue a buscarlo.

Sin embargo, después de cada derrota, la dirigencia promete “trabajar en menores”, como si acabara de descubrir que los futbolistas adultos alguna vez fueron niños. Luego pasa la indignación, llega el siguiente campeonato y el compromiso vuelve a archivarse.

Una Liga 1 que reduce el espacio del futbolista peruano
La contradicción también se encuentra en la Liga 1. Mientras se reclama un cambio generacional en la selección, el campeonato permite una elevada presencia de extranjeros y reduce las oportunidades para los jóvenes peruanos. Contar con buenos futbolistas internacionales puede elevar la competencia, pero admitir hasta siete extranjeros por club sin una política paralela de formación nacional constituye un despropósito.

El joven necesita minutos, continuidad y derecho a equivocarse. No puede desarrollarse desde la banca ni aparecer mágicamente cuando la selección se queda sin alternativas. Si no juega en su club, no acumula experiencia; si no recoge experiencia, no estará preparado para la selección. Luego se le convoca por necesidad, fracasa ante una exigencia superior y termina señalado por no resolver aquello para lo cual nunca fue preparado.

La FPF también parece sostener que organizar más torneos equivale a desarrollar mejor fútbol. No necesariamente. Si los participantes mantienen deficiencias técnicas y formativas, multiplicar campeonatos solo multiplica las carencias. Tener más partidos sin mejores entrenadores, infraestructura, metodología y controles es aumentar el volumen del problema, no encontrar la solución.

Fechas FIFA para cumplir y aparentar
En este escenario, la selección parece acudir a las fechas FIFA para cumplir con el calendario, los patrocinadores, la televisión y los compromisos comerciales. Se presentan convocatorias, se realizan conferencias, se estrena alguna camiseta y se disputa el partido. La maquinaria protocolar funciona; el proyecto deportivo sigue sin aparecer.

Los amistosos deberían servir para probar sistemas, integrar futbolistas, consolidar sociedades y evaluar el avance de un proceso. Pero cuando no existe una planificación de largo plazo, cada encuentro se convierte en un episodio aislado. Se juega porque corresponde, no porque exista claridad sobre lo que se está construyendo.

Buscar futbolistas nacidos en el exterior con raíces peruanas es válido y puede ampliar el universo de selección. Lo inadmisible sería convertir esa búsqueda en el sustituto de una política nacional de formación. La ascendencia peruana puede aportar jugadores; no puede absolver a la FPF de su responsabilidad. Esperar que otros países formen lo que el Perú necesita sería tercerizar el futuro de la selección.

La refundación que la FPF sigue postergando
El fútbol peruano necesita un Plan Nacional de Desarrollo con horizonte hacia 2050, metas verificables, presupuesto, responsables y continuidad institucional. No otro documento decorativo para una conferencia de prensa, sino una política que sobreviva a los dirigentes, entrenadores y resultados de cada eliminatoria.

Ese plan debe incluir masificación nacional, educación física fortalecida en los colegios, campeonatos interescolares, captación regional, centros de formación certificados, infraestructura, tecnología, nutrición, medicina deportiva y acompañamiento psicológico. También debe profesionalizar a entrenadores, formadores y dirigentes. Haber jugado al fútbol no convierte automáticamente a una persona en especialista en formación, gestión o dirección deportiva.

La FPF debe coordinar con el Estado para recuperar el colegio como espacio de iniciación, competencia y detección de talentos. Los clubes, por su parte, tendrían que asumir obligaciones concretas sobre divisiones menores. La Liga 1, la Liga 2 y la Liga 3 deben ofrecer oportunidades reales a jóvenes debidamente preparados, no minutos simbólicos para cumplir reglamentos.

Conclusión
¿Se puede hacer hoy un cambio generacional en la selección peruana? No en sentido estricto, porque no existe una generación completa y competitiva esperando el relevo. Puede iniciarse una transición gradual, conservar temporalmente a algunos experimentados e incorporar a los jóvenes con mejores condiciones. Pero vender ese proceso como una renovación consolidada sería otra ficción administrativa.

El fútbol peruano no está pagando solamente una mala eliminatoria. Está pagando décadas de improvisación, abandono de menores, campeonatos deficientes, decisiones cortoplacistas y dirigencias concentradas en sobrevivir al presente.

Reflexión final
La selección no envejeció de repente: envejeció mientras la FPF miraba hacia otro lado. Ahora que varios referentes se aproximan al final, la dirigencia pregunta dónde están sus reemplazantes, como si esos futbolistas debieran aparecer espontáneamente.

El cambio generacional no comienza retirando a un veterano, sino formando a un niño. Empieza diez o quince años antes de una convocatoria. Sin semilla, trabajo ni cuidado no existe cosecha; solo discursos pronunciados sobre un terreno vacío.

Perú no necesita fingir una renovación. Necesita refundar su fútbol. Porque cambiar nombres sin cambiar el sistema no es construir el futuro: es maquillar el fracaso para volver a presentarlo en la siguiente fecha FIFA. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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