La campaña internacional Alerta El Niño ha pedido a los gobiernos adoptar, desde ahora, medidas de prevención y adaptación frente a los efectos del fenómeno previsto para 2026-2027. La iniciativa reúne a científicos, divulgadores y personalidades públicas preocupadas por el posible aumento de las temperaturas, la alteración de las lluvias y sus consecuencias sobre la salud, la agricultura, el agua y la seguridad alimentaria. Su mensaje central es pertinente: esperar la emergencia para actuar multiplica los daños.
La campaña advierte que El Niño podría acelerar temporalmente el calentamiento global y favorecer episodios extremos. El investigador español Antonio Turiel señaló que existe la posibilidad de alcanzar incrementos cercanos a 1,8 grados e incluso aproximarse, de manera transitoria, a los 2 grados. Estas cifras representan escenarios de riesgo, no certezas absolutas; por ello, deben comunicarse con responsabilidad, sin minimizar el peligro ni convertir una proyección en un hecho consumado.
La prevención requiere decisiones sustentadas en información oficial y actualizada. En el Perú, la Comisión Multisectorial ENFEN mantiene la alerta por El Niño Costero y considera probable que continúe hasta abril de 2027. También prevé lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central, mientras algunas zonas andinas podrían afrontar condiciones más secas.
El desafío consiste en transformar los pronósticos en acciones verificables. Limpiar cauces, reforzar defensas ribereñas, identificar viviendas expuestas, asegurar agua potable, preparar hospitales, proteger cultivos y establecer rutas de evacuación son tareas que no deberían comenzar cuando llegan las inundaciones. Tampoco basta declarar emergencias o aprobar presupuestos: se necesita ejecución, fiscalización y coordinación entre gobiernos nacionales, regionales y municipales.
Alerta El Niño incorpora una plataforma para seguir la evolución del fenómeno y reunir respuestas ciudadanas. Esa participación puede mejorar la vigilancia pública, pero no reemplaza la obligación estatal de proteger a la población. La ciencia debe orientar la política, mientras las autoridades deben traducir la evidencia en infraestructura, protocolos y servicios operativos.
El Niño no produce los mismos efectos en todos los territorios y su intensidad puede variar. Sin embargo, la incertidumbre no justifica la inacción; exige planes flexibles, información permanente y capacidad de respuesta.
Reflexión final
Los fenómenos naturales no pueden evitarse, pero muchas de sus consecuencias sí pueden reducirse. La verdadera medida de un gobierno no estará en las declaraciones posteriores al desastre, sino en las decisiones tomadas antes de que la amenaza se convierta en tragedia. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
