En octubre sí existen los milagros: Canadá derrotó 2-0 a Perú, pero no lo goleó ni lo vapuleó. El marcador terminó siendo más benévolo que el desarrollo del partido. La selección nacional volvió a ser superada en intensidad, velocidad, organización y claridad, confirmando que la crisis del fútbol peruano ya no puede esconderse detrás de la palabra “amistoso”. Cuando perder solamente por dos goles parece un alivio, es porque deportivamente hemos alcanzado el abismo.
Jacob Shaffelburg marcó a los 19 y 35 minutos en Montreal. Canadá pudo ampliar la diferencia, mientras Perú apenas encontró una ocasión clara con Gianluca Lapadula, quien definió por encima del arco sin advertir que tenía dos compañeros mejor ubicados. El resultado oficial fue 2-0; la superioridad canadiense se sostuvo durante prácticamente todo el encuentro.
Mano Menezes modificó nombres y llevó a cabo cinco cambios al comenzar el segundo tiempo, pero la selección continuó sin funcionamiento colectivo, automatismos ni respuestas ofensivas. El entrenador puede ordenar, corregir y ensayar; lo que no puede hacer es fabricar futbolistas competitivos mediante un decreto táctico.
Perú terminó penúltimo en las últimas Eliminatorias y ahora pretende construir el futuro con buena parte de la base que integró aquel proceso fallido. No se trata de responsabilizar individualmente a los jugadores, sino de cuestionar la obstinación de un sistema que insiste con una generación desgastada porque no preparó a sus reemplazantes.
Tampoco existe un verdadero cambio generacional. Para reemplazar una generación debe existir otra con calidad y experiencia suficientes. Las categorías menores acumulan derrotas, la Liga 1 ofrece escaso ritmo internacional y los jóvenes peruanos encuentran menos espacio mientras los clubes ocupan plazas con numerosos extranjeros. Donde no se sembró formación, no puede exigirse una cosecha mundialista.
Buscar futbolistas con ascendencia peruana en el exterior es válido, pero no constituye un proyecto nacional. Es un complemento convertido en salvavidas por una federación que durante años descuidó la formación infantil, la captación territorial, la infraestructura, la capacitación de entrenadores y la competencia juvenil.
El próximo rival será Colombia. Cambiar de adversario sin cambiar la estructura solamente modifica el escenario de la misma crisis. Si Perú repite lentitud, desconexión y carencia ofensiva, el martes puede escribirse otro capítulo de una derrota anunciada.
La FPF debe dejar de administrar amistosos como si fueran comprobantes de actividad. Necesita presentar un Plan Nacional de Desarrollo hacia 2030 y 2050, con responsables, indicadores, formación de menores, profesionalización de entrenadores y oportunidades reales para los jóvenes.
Reflexión final
El problema no es que Canadá haya ganado 2-0. El problema es agradecer que no haya marcado cuatro. Cuando una derrota moderada comienza a sentirse como consuelo, la decadencia ya normalizó el fracaso. La selección peruana no necesita otra explicación: necesita una refundación. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
