Elecciones: Fuerza Popular fracasa en Lima y no logra alcaldías

Fuerza Popular ganó la Presidencia de la República en junio, pero cuatro meses después sufrió un contundente revés en las elecciones municipales. Según el boca de urna de Datum, ninguno de los candidatos presentados por el partido de Keiko Fujimori consiguió imponerse en Lima Metropolitana ni en los distritos donde participó.

El resultado aún debe quedar confirmado por el cómputo oficial y las proclamaciones electorales. No obstante, la magnitud política del fracaso resulta difícil de disimular: el partido que controla el Poder Ejecutivo no logró conquistar una sola alcaldía dentro de la principal circunscripción electoral del país.

Fuerza Popular presentó a Samuel Daza para la Municipalidad Metropolitana de Lima y postulantes en 17 de los 43 distritos de la capital. En varios casos, sus representantes ni siquiera aparecieron entre los cuatro primeros lugares del boca de urna.

La derrota más visible ocurrió en la competencia metropolitana. Samuel Daza se mantenía alrededor del 2,5 % durante el escrutinio oficial, lejos de los principales contendores. Mientras Renovación Popular y Francis Allison disputan cada voto, el candidato del oficialismo quedó reducido a una presencia marginal.

Con el 91,79 % de actas contabilizadas, la lista de Renovación Popular registraba 27,67 %, frente al 26,89 % de Allison y Avanza País. La diferencia todavía exigía prudencia y esperar la culminación del conteo, pero Fuerza Popular ya se encontraba fuera de cualquier posibilidad real.

El oficialismo puede haber ganado Palacio, pero Lima le cerró las puertas de sus municipios. No se trata solamente de candidatos poco conocidos o campañas deficientes. El resultado evidencia que Fuerza Popular carece de liderazgos municipales sólidos, presencia territorial consistente y equipos capaces de convertir su maquinaria electoral en representación vecinal.

Un partido con décadas de existencia debería contar con cuadros preparados para administrar seguridad ciudadana, limpieza pública, transporte, fiscalización, infraestructura y desarrollo urbano. Sin embargo, Fuerza Popular parece funcionar mejor como vehículo presidencial y parlamentario que como organización para construir gobiernos locales.

El contraste es especialmente incómodo para Keiko Fujimori. Su partido gobierna el país, dispone de exposición pública y concentra poder político, pero no logró convencer a los vecinos de Lima para confiarle sus distritos. La marca que sirvió para ganar una segunda vuelta presidencial no fue suficiente cuando el elector evaluó problemas concretos y autoridades cercanas.

Tampoco corresponde responsabilizar a los ciudadanos. El voto no es una propiedad partidaria ni una deuda de gratitud. Quien respaldó a Fujimori para la Presidencia conservaba pleno derecho a rechazar a sus candidatos municipales. La democracia empieza precisamente cuando el elector deja de obedecer símbolos y comienza a separar cargos, trayectorias y capacidades.

Fuerza Popular debe examinar la selección de sus postulantes, su trabajo territorial y la pobreza de su oferta municipal. Culpar a la prensa, a las encuestas o a una supuesta falta de comprensión del electorado sería negarse a escuchar nuevamente.

Reflexión final
La derrota limeña contiene una advertencia para el oficialismo: ganar el Gobierno no significa haber conquistado al país. El poder nacional puede obtenerse mediante una elección ajustada; la confianza local se construye caminando barrios y resolviendo problemas. Fuerza Popular llegó a Palacio, pero en Lima no encontró municipios dispuestos a recibirla. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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