Selección: dos triunfos en 16 partidos, resultados de un fracaso

Dos victorias, cinco empates y nueve derrotas en 16 partidos no representan una mala racha: son el expediente de un fracaso sostenido. Perú terminó penúltimo en las Eliminatorias al Mundial 2026 y después trasladó su decadencia a los amistosos. Cambiaron los rivales, entrenadores, convocatorias y escenarios; permanecieron la falta de gol, la lentitud, la escasa intensidad y una conducción institucional que confunde actividad con progreso. La Bicolor no avanza hacia 2030: cumple el calendario mientras todo el sistema que debería sostenerla continúa deteriorándose.

Estos son los resultados de sus últimos 16 partidos:

  • Canadá 2-0 Perú — amistoso.
  • México 1-1 Perú — amistoso.
  • Estados Unidos 4-1 Perú — amistoso.
  • Perú 1-3 España — amistoso.
  • Perú 2-1 Haití — amistoso.
  • Perú 2-2 Honduras — amistoso.
  • Senegal 2-0 Perú — amistoso.
  • Perú 2-0 Bolivia — amistoso.
  • Chile 2-1 Perú — amistoso.
  • Rusia 1-1 Perú — amistoso.
  • Chile 2-1 Perú — amistoso.
  • Perú 0-1 Paraguay — Eliminatorias.
  • Uruguay 3-0 Perú — Eliminatorias.
  • Perú 0-0 Ecuador — Eliminatorias.
  • Colombia 0-0 Perú — Eliminatorias.
  • Venezuela 1-0 Perú — Eliminatorias.

Perú ganó apenas 2 partidos de esos encuentros. Sus únicas victorias fueron ante Bolivia y Haití. En los otros catorce partidos empató o perdió. Cuando no cayó, celebró haber resistido; cuando fue superado, aparecieron las explicaciones de siempre: el arbitraje, el viaje, el campo, la falta de tiempo o el supuesto inicio de un nuevo proceso. La autocrítica dura una conferencia; la improvisación, varias eliminatorias.

La estadística también destruye otro refugio: afirmar que los amistosos “solo sirven para probar”. Probar implica comparar, corregir y evolucionar. Repetir errores, convocar una base desgastada y acumular derrotas no es experimentar: es utilizar la camiseta nacional como laboratorio sin método, objetivos ni resultados verificables.

La selección es apenas el escaparate de una estructura enferma. La Liga 1 ofrece un ritmo reducido sin calidad, campos deficientes, arbitrajes permanentemente discutidos, clubes económicamente vulnerables y planteles confeccionados para resolver el domingo, no para desarrollar futbolistas. Se ficha para sobrevivir al torneo inmediato y se abandona la cantera. Luego, cuando los clubes fracasan internacionalmente, la eliminación se presenta como accidente, aunque lleve años convertida en costumbre.

En las divisiones menores, el panorama resulta todavía más grave. Perú pretende competir sin una política nacional de formación, captar talento sin recorrer seriamente el territorio y exigir resultados a jóvenes que arrastran brechas técnicas, físicas, nutricionales y psicológicas. No fracasan los menores: fracasa el sistema que los descubre tarde, los forma mal y después los expone ante selecciones que comenzaron a trabajar desde la infancia.

Tampoco existe hoy material suficiente para ejecutar un verdadero cambio generacional. Los jugadores experimentados cumplieron su ciclo, pero detrás no aparece una generación preparada para reemplazarlos con jerarquía internacional. Buscar futbolistas con ascendencia peruana en el extranjero puede ampliar la convocatoria; jamás sustituirá la obligación de formar jugadores en el país.

Mano Menezes puede ordenar líneas, modificar esquemas y mejorar ciertos comportamientos, pero no fabricar calidad por decreto. Cambiar de entrenador sin cambiar la estructura equivale a pintar una casa cuyos cimientos están cediendo. Ante Colombia podría variar el marcador; si permanece el sistema, será otro capítulo de una crónica de fracaso anunciada.

El fútbol peruano necesita una refundación y no otro parche: un plan nacional hacia 2030 y 2050, formación desde la infancia, educación física escolar, campeonatos interescolares, captación descentralizada, infraestructura, tecnología, nutrición, psicología, medicina deportiva y profesionalización de entrenadores y dirigentes. Además, la FPF debe publicar objetivos, responsables, plazos e indicadores. Sin rendición de cuentas, cualquier “proceso” seguirá siendo una palabra útil para encubrir la ausencia de resultados.

Reflexión final
Dos triunfos en 16 partidos no admiten maquillaje. La selección actual no tiene futuro porque el fútbol peruano tampoco se ha preocupado por construirlo. Tocamos fondo, pero la dirigencia continúa cavando y todavía pretende vendernos la pala, la fotografía y la conferencia como señales de recuperación. El fracaso ya no es una posibilidad: es el resultado lógico de un sistema que nunca aprendió a sembrar. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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