Puno: candidatos empatan y alcaldía se definirá por sorteo

En Conima, provincia de Moho, Puno, dos candidatos empataron y la alcaldía se resolverá por sorteo. Salomino Mamani Quispe, de País para Todos, y Rubén Quispe Capajaña, de Somos Perú, consiguieron 671 votos cada uno. Con las 14 actas contabilizadas, ninguno obtuvo ventaja. Después de campañas, promesas y participación ciudadana, el próximo alcalde dependerá de un mecanismo aleatorio. Las urnas produjeron una igualdad; el azar decidirá quién ocupa el despacho municipal.

El procedimiento está previsto en la legislación electoral. Recurrir al sorteo no demuestra fraude ni constituye, por sí mismo, una arbitrariedad. Existe una regla para resolver el empate y corresponde aplicarla con transparencia. Sin embargo, su legalidad no cancela una discusión necesaria: ¿es suficiente dejar a la suerte la decisión final sobre quién administrará los recursos y las prioridades de una comunidad?

La escena tiene una ironía difícil de ignorar. Los candidatos pueden discutir durante semanas sobre sus capacidades para gobernar, pero, ante una igualdad exacta, ninguna propuesta inclina la balanza. El sorteo no evalúa planes, experiencia ni compromisos. Simplemente escoge entre quienes recibieron idéntico respaldo. Resuelve el resultado electoral; construir legitimidad seguirá siendo una tarea política.

El Jurado Electoral Especial de Huancané deberá garantizar un acto público, verificable y claramente explicado. La ciudadanía merece conocer cómo se realizará el sorteo, quiénes participarán y cómo quedará registrado. Cuando está en juego una alcaldía, la transparencia debe permitir comprobar cada paso. Mostrar el resultado sin explicar el procedimiento sería pedir confianza donde corresponde ofrecer evidencia.

Ambos postulantes alcanzaron aproximadamente el 27,7 % de respaldo. Quien resulte favorecido deberá recordar esa cifra antes de interpretar su proclamación como un cheque en blanco. Ganar el desempate no equivale a obtener una adhesión mayoritaria ni autoriza a ignorar a quienes eligieron otras opciones.

Conima merece abrir un debate sobre los mecanismos de desempate. Una nueva votación podría reforzar la decisión ciudadana, aunque requeriría evaluar costos, plazos y reformas legales. Mientras la norma contemple el sorteo, corresponde cumplirla rigurosamente y exigir al futuro alcalde rendición de cuentas, diálogo y resultados.

Reflexión final
La suerte puede entregar una credencial, pero no debe convertirse en criterio de gobierno. Lo preocupante sería que, después del sorteo, los servicios públicos, el presupuesto y las necesidades vecinales también quedaran librados al azar. Conima tendrá un alcalde mediante una regla legal. Merece una gestión sostenida por responsabilidad pública. La moneda podrá resolver el empate; jamás sustituirá la obligación de gobernar bien. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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