Comprender una tasa de interés puede marcar la diferencia entre utilizar responsablemente un crédito y asumir una deuda difícil de controlar. Sin embargo, la Encuesta de Capacidades Financieras 2026, presentada por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP y CAF, revela que solo el 22% de los peruanos puede calcular una tasa de interés simple. En otras palabras, casi ocho de cada diez ciudadanos afrontan decisiones financieras cotidianas sin dominar este concepto fundamental.
La tasa de interés está presente en las tarjetas de crédito, préstamos personales, créditos hipotecarios, financiamientos vehiculares y depósitos de ahorro. Desconocer su funcionamiento puede llevar al consumidor a concentrarse solamente en el valor de la cuota mensual, sin evaluar el costo total de la deuda, las comisiones, los seguros o el plazo de pago.
El estudio, elaborado con la metodología de la OCDE, analiza conocimientos, comportamientos y actitudes financieras. Sus resultados muestran que apenas el 22% de la población alcanza un nivel alto de capacidades financieras y menos de la mitad planifica sus ingresos y gastos. Además, solo el 39% podría afrontar un gasto inesperado equivalente a un mes de ingresos.
La situación también presenta desafíos en el entorno digital. Aunque el 31% alcanza un nivel alto de capacidades financieras digitales, el 40% no verifica si una página web es segura antes de realizar una transacción y apenas el 26% cambia sus contraseñas con frecuencia. Estas prácticas incrementan la exposición a fraudes y afectan la confianza en los servicios financieros.
El panorama abre una oportunidad para actuar conjuntamente. Los colegios y universidades pueden incorporar conocimientos financieros prácticos; las entidades bancarias deben explicar sus productos con mayor claridad; y el Estado puede ampliar programas gratuitos, accesibles y adaptados a las necesidades de cada región.
Las empresas también tienen un papel relevante. Capacitar a sus trabajadores en presupuesto, ahorro, crédito y seguridad digital contribuye a reducir el estrés financiero, fortalece la productividad y mejora el bienestar familiar. Una persona informada puede comparar alternativas, reconocer riesgos y utilizar el sistema financiero como una herramienta de progreso.
La inclusión financiera no se consigue únicamente abriendo cuentas o entregando tarjetas. Requiere que los ciudadanos comprendan las condiciones de los productos que contratan y puedan tomar decisiones responsables.
Reflexión final
La educación financiera debe entenderse como una inversión social y económica. Enseñar a calcular intereses, organizar un presupuesto y proteger una cuenta digital no solo evita deudas y fraudes: también permite que más peruanos conviertan sus ingresos en estabilidad, oportunidades y futuro. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
