Liga 1: ¿quién gana y quién pierde con siete extranjeros en cancha?

Ganan oportunidades comerciales los empresarios y agentes; pierde el fútbol peruano cuando contratar reemplaza a formar. La FPF permite siete extranjeros simultáneamente y las dirigencias que respaldaron esa ampliación deben explicar qué desarrollo esperan conseguir. Siete de once posiciones: casi el 64 % de una alineación. El mercado tiene espacio asegurado. El futuro nacional sigue esperando que alguien lo incluya en el presupuesto.

La FPF autoriza ese máximo; los clubes deciden utilizarlo. Hay, por tanto, responsabilidades compartidas. La federación no puede lavarse las manos diciendo que cada institución elige. Los dirigentes tampoco pueden esconderse detrás del reglamento. Unos establecen el modelo; otros lo ejecutan. Después, resulta demasiado conveniente que nadie se reconozca en sus consecuencias.

Para los representantes, ampliar cupos abre posibilidades de negocio. Para el fútbol peruano, el beneficio necesita demostrarse. Más contratos no significan mejores partidos. Más incorporaciones tampoco producen automáticamente competitividad internacional. Confundir cantidad con calidad es una forma bastante elemental de administrar una actividad que exige conocimiento profesional.

Cuando un refuerzo no mejora al equipo, la evaluación fracasó. Alguien recomendó al jugador, aprobó su salario y comprometió recursos. Esa cadena debe rendir cuentas. Cambiar al futbolista y conservar intacto el procedimiento permite repetir el error con otra fotografía de bienvenida.

Un apellido conocido puede vender entusiasmo, pero los antecedentes no disputan partidos. La experiencia aporta cuando conserva rendimiento. Contratar prestigio pasado para cubrir necesidades presentes, sin evaluación rigurosa, convierte al hincha en consumidor de recuerdos y al club en pagador de expectativas.

Mientras tanto, la cantera exige continuidad. Formar no tiene la velocidad de un anuncio ni la comodidad de una negociación. Requiere entrenadores, infraestructura y oportunidades reales. Si siempre recibe lo que sobra, la ausencia de recambio deja de ser una sorpresa y se convierte en una consecuencia previsible.

También se eliminó la obligación de convocar a un sub-19. Esa disposición no garantizaba formación, pero retirarla exige una alternativa eficaz. Reducir exigencias juveniles y ampliar facilidades comerciales obliga a explicar las prioridades.

La FPF y los clubes deben publicar indicadores, fiscalizar contrataciones y garantizar inversión formativa. Sus cargos exigen construir capacidades duraderas. Organizar el siguiente campeonato y presentar nuevos fichajes no basta para justificar una gestión.

Reflexión final
¿Quién gana? El mercado encuentra más operaciones y transferencia de jugadores extranjeros. ¿Quién pierde? El fútbol peruano, si sus autoridades siguen aplazando la siembra. Los extranjeros no son responsables de nuestra falta de planificación. Lo son quienes deciden que contratar merece urgencia y formar puede esperar. Luego llamarán “crisis” a lo que ellos mismos dejaron preparado. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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