FIFA: África con Infantino y Europa en contra; el poder divide al fútbol

La FIFA necesita respuestas; Gianni Infantino necesita votos. Mientras la Confederación Africana reafirma su respaldo y la UEFA organiza una alternativa, el fútbol presencia una disputa que debería ir más allá de conservar o conquistar una presidencia. La pregunta decisiva es quién exige cuentas y quién entrega confianza sin condiciones. Porque acumular adhesiones puede asegurar poder, pero no demuestra una gestión eficaz.

El 8 de octubre, en Cabo Verde, Patrice Motsepe anunció el apoyo unánime e incondicional de las 54 federaciones africanas a Infantino para las elecciones de marzo de 2027. El respaldo fortalece su candidatura, aunque no equivale todavía al resultado electoral. Lo preocupante es la palabra «incondicional»: ningún administrador de recursos colectivos debería quedar liberado de exigencias por anticipado.

África tiene derecho a reclamar inversiones y oportunidades. Según la FIFA, el programa Forward destinó más de mil millones de dólares al fútbol africano durante la última década. Esos recursos deben evaluarse por sus resultados. No constituyen una generosidad personal de Infantino: distribuir dinero institucional es una obligación del cargo, no un favor que deba devolverse con lealtad electoral.

En Berlín, la UEFA reunió a sus 55 federaciones para perfilar una candidatura alternativa. La oposición creció tras el proyecto retirado de incorporar inversionistas privados a una estructura comercial vinculada con las competiciones de la FIFA. Abandonar aquella propuesta no cancela las preguntas sobre su diseño, sus procedimientos y sus controles. Infantino debe explicaciones, aunque conserve suficientes apoyos para continuar.

Ahí está el problema: responder a los cuestionamientos con respaldos convierte la rendición de cuentas en aritmética electoral. Los aplausos no auditan contratos. Las adhesiones no esclarecen decisiones.

La UEFA tampoco merece confianza automática. Su alternativa debe presentar compromisos verificables: supervisión independiente, responsabilidades delimitadas y transparencia financiera. Cambiar al presidente sin fortalecer los controles apenas renovaría la fotografía del poder.

La confrontación podría relegar reformas y profundizar la desconfianza entre confederaciones. Evitarlo exige que cada federación evalúe programas y resultados antes de comprometer su voto. Infantino debe responder por su gestión; sus opositores, demostrar qué cambiarían. Representar al fútbol de un país implica algo más que incorporarse al bloque con mayores posibilidades de victoria.

Reflexión final
África respalda y Europa cuestiona, pero el fútbol no debería quedar reducido a dos bandos. La verdadera elección consiste en decidir cuánto control soportará quien gobierne. Una mayoría concede autoridad para administrar la FIFA; jamás debería convertirse en una excusa para dejar de rendir cuentas. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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